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La estrella invisible de la U

La estrella invisible de la U

Lorenzo Reyes no habla casi nunca, no tiene un peinado extravagante y si uno lo ve en la calle no parece futbolista. Adentro de la cancha rara vez se le ve gritando, menos perdiendo la calma. El día que decidió dejar España y la bella Andalucía para volver a Santiago pocos sabían que había estado fuera tanto tiempo.

El volante ha sido así desde siempre. “No soy salvador de nadie", dijo en su presentación en la U, algo incómodo con el papel principal que Beccacece le tenía preparado. Era la respuesta sincera de un jugador que supo desde su época en Huachipato que su lugar en la cancha era delante de los centrales y su función el trabajo doméstico. Ese que no se nota hasta que no se haya hecho.

Hoyos, a diferencia de Beccacece, lo comprendió desde el comienzo y los resultados están a la vista. Reyes es el jugador que más pases da por partido. Y no hay ninguno más preciso en todo el torneo chileno cuando se trata de dársela a un compañero. Si la U fuese un escuadrón de superhéroes, él sería el Hombre Invisible. El que entiende las obras pequeñas igual que las grandes. Quien rellena los espacios mientras otros hacen los goles. Un motor que funciona sin problemas, pero que sólo se escucha de fondo.

Es probable que en la interna el técnico ya le haya reservado alguna comparación más europea, y luego de buscarlo tanto, los hinchas de la U pueden ver en él similitudes con el mejor Marcelo Díaz. Lolo, al igual que ‘Carepato’, también es un futbolista de primera línea, camuflado en un cuerpo de clase media. Un jugador que pasa inadvertido hasta que no está en cancha.

En una columna que aparece en su libro La Voz Extraña, Fabián Casas relata la ocasión en la que salió a buscar una zapatería en el barrio. "A las dos cuadras la encontré (...). Me llamó la atención que nunca había notado el negocio hasta que lo necesité. Me di cuenta que el que hace bien su trabajo es invisible. Que no tiene que salir a buscar a nadie porque el que lo necesita llega. En la cultura de la exposición, la invisibilidad es un don".

En el fútbol también, aunque a veces se nos olvide. 

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