Es el héroe más desconocido del Combate Naval de Iquique y un club del fútbol chileno lleva su nombre
Tras la muerte de Arturo Prat, se convirtió en el líder en batalla. Estuvo preso, fue liberado, y exhibió un fuerte compromiso social y con los trabajadores.
Durante generaciones, numerosos chilenos han vinculado el apellido Fernández Vial exclusivamente con el club de fútbol fundado en Concepción a principios del siglo XX. Sin embargo, detrás del conjunto conocido como “El Almirante” existe una figura histórica cuyo legado trasciende enormemente el ámbito deportivo.
Raimundo Arturo nació en Santiago el 15 de marzo de 1858. Hijo de José Fernández Labarca y Mercedes Vial Maturana, creció rodeado de tradición militar. Su abuelo materno ejerció como sargento mayor del ejército, mientras su bisabuelo figuró entre los firmantes del Acta de Independencia nacional.
La vocación naval surgió tempranamente en su vida. Ingresó a la Escuela Militar con apenas 14 años, para posteriormente convertirse en aspirante naval. Tras ser nombrado Guardiamarina en 1876, participó en viajes de instrucción a bordo de tres embarcaciones diferentes: “Esmeralda”, “Magallanes” y “Chacabuco”.
El héroe del Combate Naval que salvó la bandera
El desafío mayor llegó cuando, con solo 21 años, debió enfrentar la Guerra del Pacífico. Aquel 21 de mayo de 1879, Fernández Vial desempeñaba funciones como oficial responsable de la Santabárbara y Entrepuentes bajo las órdenes del Capitán Arturo Prat Chacón.
Según testimonios históricos recogidos por El Mercurio, luego del fallecimiento de Prat, este joven marino “se habría convertido en el alma del buque, y su serenidad, valor a toda prueba, heroísmo indudable fueron uno de los mayores estímulos que tuvo la tripulación para persistir en su sublime defensa”.
Jorge Baradit, escritor especializado en historia chilena, describe cómo trepó hasta el mástil para clavar la bandera nacional, impidiendo así que fuera arriada durante el combate. Esta acción simbolizó la resistencia patriótica incluso en momentos de total adversidad.
Tras sobrevivir al hundimiento, permaneció cautivo en Iquique hasta diciembre de 1879, cuando fue canjeado por un prisionero peruano. Sus acciones le valieron condecoraciones especiales del Congreso y la Municipalidad local.
La faceta menos conocida del Almirante emergió en 1903, cuando siendo Jefe de Plaza en Valparaíso, decidió dialogar con trabajadores portuarios en huelga en lugar de reprimirlos violentamente como le había ordenado el presidente Riesco.
Esta postura conciliadora provocó su destitución. Posteriormente, tropas enviadas desde la capital sofocaron la manifestación con un saldo aproximado de cien obreros muertos y centenares heridos, según relata la historiografía crítica.
Dedicó sus últimos años a crear instituciones deportivas y centros educativos para trabajadores. Felipe Simián, su bisnieto, destaca que nunca mostró actitudes clasistas y siempre promovió actividades culturales entre sectores populares.
El Almirante falleció el 6 de noviembre de 1931, recibiendo honores oficiales con presencia del alto mando naval y autoridades gubernamentales.