La lucidez copera de Tapia

Tras la partida de Pablo Guede, Colo Colo ha tenido dos entrenadores: uno ampliamente errático y confundido en el torneo nacional, lo que ha desembocado en derrotas, planteos, cambios y rotaciones inexplicables que tienen al Cacique lejos del título, y otro muy lúcido y certero en la arena internacional que ha puesto al equipo entre los ocho mejores de la Libertadores.

Tapia agarró a un plantel casi eliminado, con dos derrotas como local y sólo un punto en la primera rueda de la fase grupal. Logró dos triunfos clave ante Bolívar y Delfin y consiguió el paso a octavos tras una brillante planificación del último partido: le jugó de chico a grande a Atlético Nacional en Colombia, resistió con una defensa inexpugnable y consiguió el objetivo de sumar el punto que los clasificara.

Tras ese encuentro, los más puristas y románticos dijeron que Colo Colo no podía jugar a defenderse, que era un grande de América, en el fondo, puras frases hechas que poco tenían que ver con el contexto del equipo en los últimos años. ¡No pasaba de ronda hace más de una década!

El DT entendió perfecto eso. Se dio cuenta que esa era la clave y también detectó cómo y cuándo atacar. Ante Corinthians en la ida fue paciente y terminó superando en todas las líneas a uno de los poderosos de Brasil. En la vuelta, volvió a ocupar la receta de esperar, Colo Colo no tenía la responsabilidad y supo jugar con eso. Perdió, pero logro el objetivo. Eso debe ser lo principal.

Ahora se viene un desafío mayor. Palmeiras es más que el anterior rival, pero la fórmula del técnico albo debe seguir intacta. Saber esperar y jugar de chico a grande. Eso está muy lejos de ser un pecado, porque así Colo Colo ha llegado hasta donde está.

En síntesis, el Tapia del torneo nacional, ese que debe armar un equipo que además de ganar debe avasallar, falla a la hora de plantear un partido. El otro, el de la Libertadores, ese sí que sabe tomar decisiones.