SELECCIÓN

Los pros y contras del nuevo sistema de Rueda en la Roja

Buscando la mejoría futbolística, el DT intenta imponer otro esquema y ante Estados Unidos de nuevo lo pondrá a prueba, aunque por ahora el resultado no conforma.

Chile cambió y la variante en el sistema de juego realizada por Reinaldo Rueda fue puesta en práctica contra México en la derrota por 3-1, en San Diego. Nunca antes en su paso por la Roja, el DT había empleado el esquema táctico 1-4-3-1-2, lo que dejó pros y contras.

Rueda se había mantenido sumamente fiel al 1-4-1-2-3. Sin embargo, el colombiano se jugó su opción y todo indica que contra Estados Unidos solo variarán algunos jugadores, conservando el mismo ordenamiento posicional en busca de la mejoría.

Más que otro volante

El análisis superficial solo arroja como diferencias entre ambos sistemas tácticos el descenso de un hombre desde el ataque al sector del mediocampo. Pero no es solamente la adición de un cuarto volante en desmedro de la línea ofensiva.

El nuevo jugador en la zona media implica todo un reposicionamiento de la Roja en la cancha. También involucra nuevas tareas y funciones para los futbolistas nacionales, un cambio en la organización de juego del cuadro chileno.

La presencia de un mediocampista ofensivo (Arturo Vidal en el duelo anterior) les sustrae protagonismo en la gestación de los últimos pases de habilitación ofensiva a los volantes interiores, quienes asumen ese rol cuando los integrantes del sector medio son solo tres.

Con este panorama, ambos mediocampista (Charles Aránguiz y Pedro Pablo Hernández ante México) adquieren un papel de tránsito permanente hacia las dos áreas, con un compromiso fuerte en la faena ofensiva y en las apariciones sorpresivas en ataque para desnivelar.

Solo dos en ataque    

En la caída contra los aztecas, Rueda optó por alinear a dos centrodelanteros, Nicolás Castillo e Iván Morales, desechando la opción de Jean Meneses, un hombre que fundamentalmente acciona por las puntas.

A diferencia de una estructura ofensiva compuesta por tres integrantes, lo que garantiza la posibilidad permanente de abrir la cancha mediante el juego hacia los aleros, el 'doble 9' genera las condiciones tácticas para la centralización del ataque. Esto en un momento puede resultar perjudicial. 

Sin embargo, la falencia se puede corregir con acciones de movilidad permanente y también de intercambio de posiciones entre los arietes (uno se abre y el otro se queda o uno baja y el otro sube). Pero tal sinergia solo es posible lograrla mediante un entrenamiento constante y con varios partidos en el cuerpo, situación que en el actual formato de trabajo de las selecciones nacionales puede resultar impensado.

Tal vez, en la antesala de la Copa América, que contempla varios días de preparación, Rueda tenga tiempo para laborar en esas coordinaciones ofensivas y el funcionamiento de la dupla de atacantes se optimice.

Laterales, hombres clave

Por último, en la operatividad del 1-4-3-1-2 que ahora emplea el DT colombiano en la Selección, dos jugadores cumplen una labor crucial. Se trata de los laterales (Mauricio Isla y Eugenio Mena en el primer partido en Estados Unidos), quienes deben lidiar con el hecho de no contar con un extremo o alero por delante para combinar verticalmente o aprovechar las liberaciones de espacio generadas con sus movimientos de arrastres de marca.

Sus subidas deben tener mayor asiduidad, pues son los únicos que pueden abrir la cancha, un concepto táctico de suma importancia en la actualidad por el arduo achique de espacios de los equipos durante su fase defensiva. En sus avances, los laterales cuentan con receptores hacia el interior de la cancha, lo que los obliga a dinámicas permanentes de 'Tocar y pasar', centralizando a veces en exceso el juego, falencia que deben evitar con una ubicación permanente junto a la línea de banda.