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COPA AMÉRICA

Los tres fundamentos tácticos que explican la caída de Chile

La derrota de la Roja en semifinales del certamen en Brasil tuvo su origen en tres aspectos clave del duelo que el cuadro nacional no logró resolver.

Finalmente, la Roja no tendrá la opción de defender el bicampeonato continental en una nueva final de la Copa América. El elenco nacional cayó en forma sorpresiva contra Perú por 3-0 en el duelo de semifinales, un partido que tuvo un trámite inesperado para los dirigidos por Reinaldo Rueda en tres aspecto clave del juego, que a la larga le otorgaron el triunfo al cuadro incaico.

Pressing sorpresivo

La postura defensiva inicial de los peruanos sorprendió, de sobremanera, al elenco chileno. Nadie imaginó que el rival de la Roja emplearía el pressing como concepción de juego defensiva y esto descolocó a los jugadores nacionales.

Cada vez que el equipo conducido por Ricardo Gareca perdió el balón hizo todo lo contrario de lo realizado ante Uruguay, en cuartos de final, instancia en que nunca salió desde atrás y se mantuvo fiel al reagrupamiento defensivo en su sector del campo de juego.

Contra Chile, tras la pérdida de la pelota, el cuadro del Rímac se activo inmediatamente. Presionó en bloque con todos los jugadores comprometidos en esta labor y así de manera rápida se hizo de la pelota para desarrollar la otra parte de su plan de juego en Porto Alegre.

En esas circunstancias, la Roja no mostró sus recursos habituales de articulación de fútbol. El equipo nacional careció de movilidad y precisión en las combinaciones, sobre todo en el sector del mediocampo, que solo en parte del segundo tiempo mostró visos de su juego distintivo.

Ataque construido letal

En fase de gestación de juego, Perú nunca renunció al ataque construido, el fútbol asociado, de combinaciones, con el balón siempre a ras de piso. Chile lo sufrió, solo observando cómo el balón iba de un lugar a otro y todo terminaba en peligrosas llegadas rivales.

El cuadro incaico estuvo muy preciso en el manejo de la pelota, sobre la base de su histórica capacidad técnica. Los intentos de recuperación de balón de la Roja fueron individuales antes que colectivos y, en esos términos, las intenciones de quite resultaron ineficaces. Faltó un actuar más social, en bloque, para frenar las elaboraciones de juego oponente.

Con ese trámite, Perú obtuvo plenos dividendos, ya que cada construcción de juego finalizó con situaciones de ataque reales, poniendo en peligro la portería custodiada por Gabriel Arias. Fue una posesión de balón efectiva, con llegadas. Por lo tanto, los goles incaicos no fueron hechos aislados, resultaron de un desarrollo dominante, al que Chile no tuvo una respuesta apropiada.

Falta de finiquito

El destino de la Roja pudo ser absolutamente distinto en la llave de semifinales de la Copa América con resoluciones más precisas en las situaciones de gol. No cabe ninguna duda de que Chile fue superior a su rival durante el segundo tiempo y si el cabezazo inicial de Eduardo Vargas en el complemento hubiese terminado en gol, otro desarrollo pudo haber ocurrido.

Los dirigidos por Rueda cargaron con todo sobre la portería defendida por Pedro Gallese. Al respecto hubo una jugada clave, la entrada en solitario de Vargas a enfrentar mano a mano al arquero peruano. El chileno definió con un tiro al bulto a Gallese, tras ser desequilibrado por Christian Cueva, y dilapidó la opción.

En caso de haber actuado con mayor precisión en el finiquito, el curso del duelo habría variado, pues el marcador seguía 2-0 en contra. Todavía faltaban varios minutos aún por jugar.

Antes y después hubo múltiples llegadas chilenas. Un tiro de Charles Aránguiz, otros de Jean Beausejour, de Alexis Sánchez, de Mauricio Isla y un cabezazo de Vargas. Un tanto, en vista de una mayor exactitud en las ocasiones de gol, sin duda que hubiera afectado negativamente la confianza defensiva de Perú, generando un panorama distinto en la recta final del encuentro.