UC BICAMPEÓN

El sello ganador de Quinteros

No fue fácil la labor del DT, pues tuvo la responsabilidad de revalidar el título de 2018. Pero con un fútbol vistoso y goleador llevó a los cruzados a lo máximo.

Gustavo Quinteros asumió en 2019 la dirección técnica de Universidad Católica con la dura tarea de repetir el título conseguido en la temporada anterior por Beñat San José. La salida del DT español sorprendió y el panorama no era favorable para su reemplazante, pero el argentino-boliviano satisfizo plenamente las expectativas con una nueva copa para los cruzados.

Desde el comienzo, Quinteros intentó ir desarrollando su idea de juego en el elenco universitario. A diferencia de lo que habían hecho con San José en la banca, esta vez los cruzados desplegaron un fútbol con una disposición ofensiva más permanente, un sistema táctico inalterable y eficaz, además de un posicionamiento más adelantado en la cancha.

Juego de toque

En primer término, el sello de Quinteros transitó por el Ataque Construido en la generación de opciones frente a la portería rival, lo que estuvo en plena coincidencia con la forma de juego histórica del club. En pocas ocasiones, el elenco campeón apostó por el accionar directo mediante pelotazos frontales, optando constantemente por el balón a ras de piso para generar asociaciones en distintos sectores de la cancha en busca de la progresión en el terreno de juego.

En la fase defensiva, el DT implementó un dispositivo de presión colectiva con 'achique' de espacios intenso en la zona donde se encontraba el balón. Los intentos de recuperación de la pelota se desarrollaron solo ocasionalmente en la zona más avanzada del sector contrario. Lo corriente fue un agrupamiento masivo en la zona media y allí, encimando y respaldando al jugador más cerca de la pelota, ir por esta para volver gestar juego.

Esquema óptimo

Otra rasgo distintivo de lo hecho por Quinteros fue su confianza infranqueable en el sistema de juego de 1-4-1-2-3. Solo experimentó en la Copa Viña del Mar durante la pretemporada, moviendo las piezas de mitad de cancha hacia adelante y conservando la estructura defensiva. En algún instante probó con una línea de cuatro volantes y dos atacantes, mientras que en otra ocasión alineó a dos mediocampistas centrales, un '10' neto y un par de aleros junto a un centrodelantero.

Sin embargo, el DT dio en el clavo con el esquema posicional elegido, ya que garantizó una estructura de tres volantes en línea por delante de la zaga al momento de defender, más la colaboración continua de los extremos con sus retrocesos profundos. Con el balón en su poder, el equipo se desplegó en anchura y profundidad, garantizando así el surgimiento de opciones de pase para el fluir del Ataque Construido.