El vil dinero

Mientras la Confederación Sudamericana de Fútbol apronta el regreso de la Copa Libertadores para el 15 de septiembre, el plantel de Colo Colo no está precisamente pensando en el torneo continental de clubes. La aprobación del pago de 550 millones de pesos a seis jugadores –en cuatro cuotas pagaderas en 2021– por concepto de arriendo de pase y/o derechos de imagen tensionó sobremanera al camarín popular. El contraste entre los beneficiarios y el resto de los futbolistas que recibirán una compensación producto de dos partidos amistosos en 2021 y 2022 tiene las aguas muy agitadas en la interna. Al igual que en directorio de Blanco y Negro donde cuatro miembros, del bloque Vial – Ruiz Tagle, votaron en contra del pago por derechos de imagen alegando el presunto incumplimiento de un acuerdo anterior.

Nunca es aconsejable ni de buen gusto meterse en el bolsillo de otras personas, pero ya que se trata de cifras públicas, versiones conocidas y un club de altísima connotación como Colo Colo hay que admitir que la moción de Esteban Paredes, uno de los favorecidos, de repartir los dineros entre todos jugadores del plantel, debió tener acogida o, al menos, haber sido la base para una distribución solidaria y consensuada entre los 25 futbolistas del primer equipo. Trascendió que la iniciativa del goleador histórico contó con el apoyo de Carlos Carmona, pero Pablo Mouche, Nicolás Blandi, Matías Zaldivia y Juan Manuel Insaurralde se opusieron.

Si bien resulta legítimo que estos cuatro jugadores argentinos defiendan sus ingresos no es menos cierto que el convenio de pago y posterior controversia se dan en un contexto inédito, en medio de una pandemia que azota de manera brutal a la actividad económica del país y donde el fútbol no es la excepción. Si durante tres meses el plantel pasó por el alambre, debió y a la AFC –con distintas realidades particulares– y luego solo algunos reciben una compensación, ¿no hubiera sido un acto de compañerismo y unidad que una parte de esos recursos fuese a un pozo común?

Mouche, Blandi, Zaldivia e Insaurralde entendieron que no. Que esos dineros están especificados en sus contratos y no aplica una distribución de otra índole. En rigor, tienen razón, los acuerdos son individuales. Cada jugador fija sus condiciones por separado y no mira las del vecino. ¿Pero y un gesto en pos del grupo? El que propició Paredes sin éxito.

Los detractores del bono Mosa dirán que la medida lejos de mejorar la interna, la complicó. Qué el desembolso es excesivo en tiempos particularmente complejos y que lo que buscaba era básicamente recomponer la relación con Paredes. Hoy en Macul los reproches directivos opositores apuntan en esa línea, los dardos van y vienen, con argumentos no despreciables en ambos sentidos. El punto es que independiente de las consideraciones, lo razonable y que primó en la votación fue tender puentes y, desde lo contractual, recuperar las confianzas que estaban dañadas. ¿El resultado? Por ahora, dista mucho de lo que se esperaba: un camarín fracturado.

Conviniendo que la fórmula de pago pudo ser mejor, la férrea defensa de intereses de los argentinos de Colo Colo, sin afán de generalizar o poner su nacionalidad como factor de análisis, no deja de llamar la atención. Finalmente, este caso deja muy en claro que los códigos del fútbol operan sólo hasta que entra el juego el bolsillo. Ahí, por lo visto, se transforma en un deporte individual.