La versión oficial

La versión oficial es eso: la historia relatada desde los protagonistas directos o desde alguna organización. Su historia, su relato. Su versión de los hechos. Hay que considerarla dentro del análisis, por supuesto. La historia, sin embargo, está repleta de versiones oficiales que no eran ciertas: algunas incompletas, otras derechamente falsas. Los chilenos deberíamos saber eso. Nos contaron cientos de versiones oficiales que el tiempo se encargó de poner en su real dimensión.

Uno confía en que la versión oficial sea verosímil, que se ajuste a hechos concretos y reales. ¿Nos quedamos a la primera con la versión oficial? Si hay testimonios en contrario es nuestro deber contrastarlos. Si la versión oficial se sostiene, enhorabuena. Debe ser admitida y reconocida como tal. Si eso no ocurre, es necesario demostrar las fisuras que no cierran en el relato.

La versión oficial decía que el Cucutazo era falso de falsedad absoluta. La versión oficial decía que el Bautizazo nunca existió. La versión oficial decía que Roberto Rojas había sido herido por una bengala. La versión oficial decía que Chile fue a jugar el Sudamericano Sub 20 en Paysandú ‘79 con todos los pasaportes de los futbolistas en regla.

Pero no era cierto.

La versión oficial del ruido incómodo que todos escuchamos y leímos este domingo es que un peluquero rompió la burbuja sanitaria en plena Copa América. Fue el jueves y estalló el domingo. Entremedio la Roja jugó un partido contra Bolivia y la presencia del estilista pasó inadvertida. Incluso antes del debut contra Argentina también ingresó un barbero a la concentración. Como no circularon otros rumores, no fue necesaria la versión oficial.

¿Influye esto en la cancha? Es probable que no. Y ojalá así sea. Porque si bien Chile hasta ahora no ha brillado, ha hecho partidos suficientes. Contra Argentina lo pasó mal en el primer tiempo, pero sacó adelante un empate más que valioso. Contra Bolivia el equipo se generó muchas ocasiones de gol en la primera parte, pero sólo encajó uno. En el segundo tiempo bajó el nivel, el rival creció con lo poco que tenía y Chile terminó defendiendo con cinco ante un cuadro altiplánico que no contaba con su principal delantero. Se ganó, pero como bien dijo Lasarte, no era para lanzar demasiada pirotecnia.

El uruguayo (al igual que Reinaldo Rueda) privilegia el orden en sus equipos. No esperemos cambios demasiado audaces en lo ofensivo. Pero el equipo ha demostrado una versatilidad táctica que siempre es saludable. Ha jugado con cuatro en el fondo, con tres zagueros, con una línea de cinco. Un delantero, dos atacantes y a ratos son tres los puntas. A veces resulta, a veces no. A veces se luce, en otras no. Pero al menos se aprecian variantes y no un repertorio monocorde. Cuando el plantel no es pródigo en figuras nuevas, desenvolverse desde lo táctico es un crecimiento.

Esta columna está escrita antes del partido contra Uruguay. Hasta aquí, los goles que le han marcado a Chile en la era Lasarte han sido sólo de pelota detenida. Penal de Messi en eliminatorias, penal de Moreno Martins en San Carlos de Apoquindo, tiro libre de Messi en el debut de Copa América. También valen, por supuesto, pero demuestran que la organización defensiva, más un arquero de nivel mundial, hacen de Chile un equipo que constantemente está en competencia.

El tiempo dirá si la versión oficial entregada este domingo presenta fisuras o no. La prudencia indica que hay que esperar el final del campeonato y la próxima convocatoria eliminatoria para ver si se repiten los nombres o dejamos de ver algunos que hoy están en el torneo continental. Como siempre, el tiempo pone las cosas en su lugar, más allá de versiones oficiales o rumores reiterados.