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ENTREVISTA AS | PARTE II

Chilena, campeona del mundo, universitaria e influencer: “Es un sueño hecho realidad”

La multimedallista no sólo se dedica al karate, sino que también estudia una carrera y cumple compromisos como creadora de contenidos. En AS, cuenta su principal sueño.

Chilena, campeona del mundo, universitaria e influencer: “Es un sueño hecho realidad”

Valentina Toro (23) ha vivido un caótico fin de semestre. La karateka, multimedallista y reciente bicampeona panamericana en Costa Rica, debió lidiar durante las últimas semanas con largas jornadas de estudio y con la rendición de exámenes en la Universidad de Santiago de Chile (Usach), donde cursa quinto año de la carrera de Ingeniería Civil Industrial.

“Estas semanas han sido duras. En verdad, todo se me ha dado como no quiero. Se atrasó el cierre de semestre una semana más, yo pensaba cerrarlo antes. Estas tres semanas son de carga alta de entrenamiento, entonces tenía calculado que no me iba a calzar. Lamentablemente, se atrasó, entonces los profesores están metiendo todas las evaluaciones estas últimas tres semanas”, cuenta “Vale” Toro, quien en 2019 fue campeona del mundo Sub 19.

La deportista ha tenido que compatibilizar su rol de alumna con el deporte profesional y, además, con su faceta como influencer: hoy suma más de 100 mil seguidores en Instagram, 25 mil en TikTok y, recientemente, incursiona en YouTube, donde sube vlogs mostrando sus viajes por el mundo. Su amplio alcance le ha permitido ser patrocinada por varias marcas importantes, con las que también debe cumplir compromisos.

“Y hace dos semanas atrás también iban a operar a mi papá que tiene cáncer, pero le corrieron la operación y finalmente lo operaron ahora. Han sido muchas cosas. Yo soy hija única, entonces somos mi mamá y yo apañando a mi papá. Además, los estudios. Estoy en quinto año de Ingeniería Civil Industrial y no es una carrera fácil. Mis compañeros que sólo están dedicados a eso, ahora están pa’ la embarrá, no duermen… Yo tampoco he dormido muy bien. Me he venido a entrenar con cuatro horas de sueño, hasta tres… No lo recomiendo, no funciona (ríe)”, señala.

- Además está su rol de influencer, ¿cómo ha sido pasar de ser una persona anónima a que la reconozcan en la calle?

- En verdad siempre me gustaron las redes. De chica simulaba tener un canal de Youtube. Se me hizo fácil. De a poco empecé a crecer, sólo siendo yo. Subía todo lo que hacía y siempre me molestaban. Me decían “ya, la Vale va a sacar el teléfono… ya va a grabar que está haciendo”. Y a mí no me daba vergüenza. Después me empezaron a llegar canjes con marcas. Para mí es un sueño hecho realidad. Siento que el karate se ha hecho conocer mucho. Me conocen en la calle y es por ser deportista. Me gusta eso, más que te conozcan por otras cosas.

- Le quería preguntar por su relación con Joaquín González, quien también es karateka y seleccionado chileno. ¿Cuáles son los pros y los contras de practicar el mismo deporte que su pololo?

- Los pros, es que vivimos juntos, entonces venimos para acá al CEO, nos vamos directo a la casa. Si el Joaco no hiciera karate, siento que ni lo vería. De verdad que no lo vería, no cabe en mi agenda (ríe). Pero eso es lo bueno. ¿Y lo malo? También es eso. No, ¡mentira! (ríe) Lo malo es que, pucha, somos deportistas profesionales, entonces la frustración cuando algo no nos sale como queremos es gigante. Llegamos a la casa, de repente, puteando, llorando. A veces yo tengo un muy buen día de entrenamiento y el Joaco no. Y él llega frustrado, con alguna lesión… Y yo no sé cómo ayudarlo. Y al revés, también. Él pudo haber tenido su mejor entrenamiento y yo llego frustrada, llorando, que “no quiero hacer más esta cuestión”. Y también pasa con los torneos. A veces a mí me va muy bien, al Joaco mal, o a él bien, y a mí mal.

- ¿Y cómo se lidia con eso?

- Obviamente yo quiero que a los dos nos vaya bien, pero es muy difícil estar en la misma sintonía. Me ha pasado que yo tengo que viajar y él se queda abajo. Esas cosas son lo más difícil, porque crecer profesionalmente con tu pareja es muy difícil. De repente nos pegamos retos. Yo nunca falto a entrenar, soy súper disciplinada, y el Joaco de repente como que cede un poco, me dice “no, me quedé dormido”. Y yo le digo: “¿Cómo te quedas dormido? No te puedes quedar dormido. No es tu prioridad si te quedas dormido”. Entonces a veces tenemos esas peleas como de disciplina, en teoría (ríe).

- Una vez que termine de estudiar, ¿le gustaría ejercer de inmediato?

- Todos los días lo pienso también… qué buena pregunta (ríe). No sé aún la verdad, me imagino trabajando en varias cosas relacionadas al deporte. Me imagino trabajando en adidas, por ejemplo. Mucha gente me pregunta “Vale, ¿por qué no te metiste a algo relacionado con el deporte?”, como educación física o nutrición, algo así. Pero no me gustaba. Siempre me gustó la Ingeniería Civil Industrial. Y esa carrera es tan amplia que podría trabajar en algo relacionado al deporte, pero no sé si me gustaría ejercer al tiro. Quizás me gustaría tomarme un año para estar tranquila, porque siempre ando volando para todos lados. Me gustaría dedicarme sólo a una cosa un tiempo y después ver qué hago con mi vida laboral. Pero me encantaría trabajar. Soy muy hiperactiva. No sé cuánto tiempo aguante sólo en el tatami. Me gustaría probar nuevas cosas. Ver qué hacer y aprender.

- ¿Cómo se imagina de aquí a diez años?

- Voy a tener 33. La verdad, no podría decir que a esa edad ya dejé el karate. Me encantaría tener un dojo o algo así, para dejar un legado. Quizás no hacer clases, pero sí que hubiese gente que enseñe el karate que yo he aprendido todos estos años. Me imagino titulada… Sí, titulada, obvio (ríe). Y me imagino con muchas historias para contar, muchas medallas y muchas experiencias con las que aún sueño.