“Antes de la muerte de mi padre, yo estaba separado y él le dijo a mi mujer que yo seguía enamorado... Le pidió que me cuide”
“Caí una depresión muy dura, yo no quería jugar más. Ella, su familia y la mía me ayudaron... Mi esposa renunció a todos sus sueños”, dice Óscar Salinas.


“Me vas a hacer llorar”. La frase de Óscar Salinas (37) hace referencia a la pregunta de AS Chile sobre el vínculo con Óscar, su padre, y con Claudia Berríos, la mujer que lo ha acompañado durante toda su carrera.
En conversación con AS, Salinas cuenta detalles desconocidos de los momentos que más lo han marcado: la depresión que sufrió a raíz de la muerte de su papá y el reencuentro con el amor de su vida gracias a uno de los últimos deseos de su progenitor.
“Dios es perfecto, me puso una mujer espectacular desde mis inicios en el fútbol profesional, que me apoyó en todo. De repente viajaba a estudiar desde Temuco a Santiago el día domingo y llegaba el martes a la madrugada y ella se quedaba con mis tres hijos. Fuimos dando vueltas estos tres años hasta que pude sacar mi título de entrenador”, cuenta Salinas.
- Dice que su esposa lo acompañó desde que empezó en el profesionalismo. ¿Cómo se formó su historia?
- Nosotros nos conocimos en 2004, porque yo jugaba con su hermano (Daniel Berríos) en las cadetes de Deportes Melipilla. Estuvimos un tiempo a escondidas de mi suegro (ríe), nos separamos y después volvimos cuando murió mi papá. Formalizamos y nos casamos en 2010. Hemos formado una hermosa familia, ella renunció a todos sus sueños por acompañarme y hoy me toca retribuirle todo el amor que me ha dado.
- ¿La muerte de su padre los volvió a unir?
- Totalmente, estábamos separados y mi papá antes de morir, estando con ella, le comentó que yo seguía enamorado y le pidió que me cuidara. Para mí, fue Dios quien nos volvió a unir. Cuando mi papá murió, caí en una depresión muy dura, yo no quería jugar más fútbol.
- ¿Y cómo pudo salir adelante?
- Ella, su familia (Berríos Meneses) y la mía me ayudaron muchísimo a ser quien soy. La familia de Héctor Berríos también. Recuerdo igual a Javiera Durán, que tenía el transporte de los Buses Pullman y no me cobraba pasajes para que yo fuera a probarme a Unión Temuco en Quilín. Todos ellos vieron que había un muchacho que ocultaba la pena con alegría. Ellos y mucha más gente me ayudaron a reencantarme con el fútbol.
- Habla de su esposa con mucha admiración. ¿Qué significa ella para usted?
- Mi señora es todo. Aguantó muchos meses de angustia y llanto, hasta que llegamos a Coquimbo y quedó embarazada de Simón. Eso cambió radicalmente nuestras vidas. Toda la pena la llevaba como motor, como bencina para hacer más, pero sin ella hubiese sido imposible.
“De mi padre aprendí el ejemplo de ser un papá correcto”
- ¿Aprendió a vivir con la ausencia física de su padre?
- Me vas a hacer llorar (ríe). Se aprende a vivir a través de preguntas tipo ‘¿cómo hubiese sido con sus nietos?’ ‘¿cómo hubiese sido para él ver a su hijo ganarle a la vida y ver a su familia hermosa?’... Son preguntas cuyas respuestas no están, pero tengo la tranquilidad de llevar el apellido a lo más alto. Mucha gente me conoce por cómo fue él: chistoso, una persona alegre y querendón.
- ¿Alcanzó a verlo jugar en el profesionalismo?
- Sí. Igual tengo un recuerdo que me hace reír. A mí me quiso comprar la U, y me fue a ver jugar un partido al Caracol Azul. Cuando lo vi, lloré y después me dio rabia...
- ¿Por qué?
- Porque tenía a Deportes Melipilla ahí en María Pinto y no me había ido a ver nunca (ríe). Ya después me vio cuando debuté en Melipilla contra Deportes Concepción, ese donde jugaba Daúd Gazale. Hice un gol y creo que saltaba en la galería diciendo ‘¡Ese es mi hijo’!
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- Hoy siendo padre, ¿cree que ha replicado cosas del suyo?
- La alegría, el ejemplo de ser un padre correcto. No hay malas palabras, malos tratos con tu mujer. Él siempre fue respetuoso con mi madre, nunca le dijo algún garabato, nunca lo vi curado. Ese es el mejor ejemplo que le puedo dar a mis hijos.
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