“La gente que me conoce sabe que cambiaría mil millones porque mi hijo juegue en la Roja y haga un gol en el Nacional”
Ramiro Román, padre de Iván, dialogó con AS tras la noche soñada de su hijo tras convertir su primer gol en Brasil que le dieron la victoria a Atlético-MG.
Iván Román marcó, tras un año, su primer gol en Brasil y le dio un importante triunfo a Atlético Mineiro sobre Sao Paulo por el Brasileirao. Luego del partido, el defensor chileno le dedicó la conquista a su familia que estaba en Chile y valoró su momento personal.
Por lo mismo, Ramiro Román, padre del defensa central, dialogó con AS sobre la noche soñada de su hijo y recordó los momentos difíciles que fueron marcando el camino del hoy jugador del ‘Galo’.
- ¿Qué es lo que está experimentado en estos momentos?
- Estamos todos felices en casa. Me imagino cómo debe estar él, que le costó mucho, la peleó mucho. Estaba acostumbrado a jugar todos los partidos. Los llamados a la selección le hacían muy bien, demasiado bien, tomaba otro aire. Su representante, que ya es alguien de la familia, siempre lo alentó, porque sabía que iba a pasar esto, que había que darle dos o tres partidos y que Iván iba a empezar a pelear el puesto como se debe pelear. A Iván lo miraban muy cómo niño, pero él llevaba tres años como futbolista profesional.
- Tomó un tiempo en tener una noche así...
- Justo ahora pasó esto que la mamá estaba enferma. O sea, no enferma, pero echándolo mucho de menos y yo justo trabajando mucho. Se me puso difícil en el sentido de que estoy desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, no puedo estar mucho con ella y justo hablé con Iván. Le dije que era el mejor, el mejor central del mundo y justo le escribí que quería que este partido lo jugara para su mamá. El único que me podía mejorar a mi mujer era él. No había doctor que pudiera hacerlo, solo él, y justo pasó.
- ¿Cree que fue una coincidencia?
- Yo andaba con una sensación: unos jóvenes que trabajan al lado mío son ecuatorianos, el ídolo de ellos es Alan Franco, es muy amigo de Iván y les dije “hoy va a hacer un gol mi hijo y Alancito le va a dar el pase”. ¡Y justo pasó! Estamos felices, se lo merece. Él su primer sueldo lo gastó en un gimnasio. La gente eso no lo sabe. Él sabe que le faltaba masa muscular, le costó caro, pero se lo gastó todo. No tenemos mala situación nosotros, como todo chileno, no dependemos de él, yo sigo trabajando.
- ¿Hubo muchos momentos de incertidumbre?
- Fue difícil. Tengo hartos amigos en el fútbol que saben lo que se hace y lo que no se tiene que hacer. No soy de los que se cree que se las sabe todas, a pesar de que jugué a la pelota 10 años, no cómo profesional. Enrique Aguayo, el psicólogo deportivo, después de pasar de estar con Iván, pasó a ser nuestro psicólogo para ver cómo llevábamos este momento. Yo siempre he sido medio achorado para decirle las cosas a Iván en la casa, pero llegaban momentos donde me derribaba al lado de mi mujer, que ya no daba más.
- Imagino que fueron momentos dificiles.
- Yo nunca he esperado que Iván gane plata con el fútbol. Nunca. Y la gente que me conoce sabe que cambio mil millones de dólares porque Iván juegue en la selección chilena y haga un gol en el estadio Nacional, que nos lleve a un Mundial. Toda la gente que me conoce, sabe que ese es mi sueño. No pretendo ganar plata o que él nos salve a nosotros, porque para eso uno tiene que trabajar. Yo cambio todo. Cuando Iván tenía ocho años, yo le firmaba a cualquiera un papel de que jugara gratis si me lo hacían profesional. Era un sueño mío, de él, de la mamá, de la hermana. Gracias a Dios salimos todos futboleros.
- Tras el gol, Iván les dedica el gol a ustedes y dice que los echa de menos. ¿Cómo lo tomaron?
- Lo sabíamos. Nosotros somos de población, unidos. Siempre estábamos viajando, pero su hermano ya juega en la Sub 14 de la U. El que sabe de fútbol, conoce que es una edad donde los niños marcan el si o el no de si va por el camino del fútbol y no podemos estar viajando a cada rato. Justo se ha dado que la selección no ha jugado, donde lo íbamos a ver. No estamos acostumbrados. La mamá lo acompañaba a los entrenamientos y los domingo íbamos a ver a Palestino. Hasta el día de hoy vamos. Pasamos en el estadio.
- Pensábamos que le había puesto Iván Ramiro por Córdoba, el central colombiano, pero supimos que era por Zamorano...
- ¡Por Iván Zamorano! Es un momento soñado para mí. Zamorano es mi ídolo. Yo le puse Iván a mi hijo e incluso le iba a poner Iván Luis, pero le puse Iván Ramiro por mi y por mi papá. Y al más chico le iba a poner José Marcelo. Al final los dos me salieron centrales, ninguno me salió delantero.
- Y el gol de Iván fue de cabeza...
- ¡Justo fue de cabeza! A él lo criamos con la canción de Iván Zamorano. La del gran capitán. Siempre le pusimos esa canción. Desde chico fue bueno para cabecear, siempre. En Quilín, con seis años, jugaba en la Sub 8 y cabeceaba todos. Los niños a esa edad le tenían miedo a la pelota. Todos se reían porque era muy chico para cabecear.
- ¿Recuerda algo más de esa época?
- Era bueno para las patadas. De ahí viene el sobrenombre ‘Charrúa’. Nosotros ni sabíamos quién se lo había puesto. Nos preguntaban a ver si el papá era uruguayo. Era bueno para las patadas cuando chico porque los rivales eran muy grandes. Son cosas que pasan, hoy estoy feliz, fue lindo lo que pasó. Yo tenía una sensación rara, sabía que algo iba a pasar y pasó justo en el momento preciso. Los tiempos de Dios son perfectos como dijo Iván: justo su mamá estaba “enferma” y el único que la podía curar era el.
- ¿Y ella cómo está?
- Feliz. Hablando con todo el mundo, con su familia, con sus amigas. Mi hermana también está muy feliz. Todos estamos felices. Estábamos todos pendientes. Creo que no hay familia más futbolera que nosotros, vemos todo tipo de partidos.