“Hay algo que quizás me pese toda la vida, yo no pude llegar cuando mi hijo falleció”
Jaime Carreño reveló en Jugada Nacional el drama que vivió mientras competía en Bolivia: la enfermedad, el nacimiento y la muerte de su hijo Clemente, una historia de dolor y resiliencia.
Jaime Carreño habló como pocas veces lo había hecho. En una entrevista íntima para Jugada Nacional, el futbolista chileno de 29 años relató con crudeza el momento más duro de su vida: la pérdida de su hijo Clemente, quien nació con una enfermedad renal genética grave mientras él competía en Bolivia con el equipo de Vitamina Sánchez.
Todo comenzó en la semana 26 de embarazo, cuando los médicos detectaron que el bebé no tenía suficiente líquido amniótico. Tras golpear varias puertas, la familia encontró contención en el Hospital Clínico de la Universidad Católica.
“Nos sentimos tan acompañados, que hasta el día de hoy soy muy agradecido de eso. Y siempre buscaron la mejor forma, pero venía con una enfermedad genética, que se da una en un millón. Siempre estaba la opción de interrumpir, pero ellos siempre fueron positivos de que podía sobrevivir, pero pasaban las semanas e iba empeorando la situación”, expresó.
El diagnóstico de Clemente fue una enfermedad renal poliquística, una condición que se presenta una vez en un millón de casos. “Nos dijeron que probablemente tu hijo nace y ni siquiera va a poder pegar ese grito de llanto y va a fallecer al tiro”, recordó el jugador.
A pesar del pronóstico, Clemente nació con vida y llegó a luchar durante semanas conectado a respirador. Carreño realizó entre cuatro y cinco viajes de emergencia desde Bolivia a Chile durante ese período. “Hay algo que quizás me pese toda la vida: yo no pude llegar cuando él fallece”, confesó con la voz entrecortada.
Lo que vino después fue aún más revelador de su carácter. Apenas dos días después de la muerte de Clemente, el defensor saltó a la cancha. El cuerpo técnico le pidió queno jugara, pero él se negó. “Sentía que tenía que jugar por respeto a él. Yo estaba haciendo lo que a lo mejor él quería que yo estuviera haciendo”, explicó. “Uno piensa que con el tiempo todo lo cura. Y es totalmente al revés, cada día duele más”.