“Me he sacado la mierda en cada lugar al que he ido, soy el que más entreno siempre; fue duro separarme de mi hija”
Matías Olguín, uno de los mejores arqueros chilenos del 2025, conversó en exclusiva con As. “Me gustaría consolidarme en el Ascenso y después poder llegar a Primera”.


La carrera de Matías Olguín representa a la perfección el sacrificio que muchos futbolistas realizan, día a día, fuera de la Primera División. Al portero de 29 años le ha tocado dar la vuelta larga en el fútbol chileno, aunque pese a las dificultades de su carrera, prefiere seguir soñando en grande.
“Siempre me he preparado igual. En cada lugar al que he ido me he sacado la mierda entrenando y trabajando. Soy siempre el que más entrena y espero poder dar el salto, y así jugar nuevamente en Primera B y después llegar a la máxima categoría”, confiesa el arquero en una sincera conversación con As.
Olguín tuvo un 2025 brillante en el Brujas de Salamanca. De hecho, fue uno de los mejores porteros de la Segunda División Profesional, torneo en el que completó once partidos con la portería invicta. Es por eso que la idea del ex guardameta de Santiago Morning, Deportes Recoleta, Santa Cruz y San Antonio, es poder tener una nueva chance en la próxima temporada.
- Hace algunos días se despidió de Brujas de Salamanca. ¿Qué pasará con su futuro?
- Sí, ahora estoy libre, analizando las opciones que tengo. Me encantaría poder tener la oportunidad de volver a la Primera B o incluso a Primera División, pero uno sabe que el arquero que llega de Segunda a esas categorías es, en principio, para ser suplente, entonces hay que analizar todo. Tampoco descarto llegar a otro acuerdo con Brujas y continuar un año más, pero también hay que ver lo que sucederá con esta categoría y los problemas que está teniendo.
- Fue uno de los mejores arqueros de la Segunda División. ¿Qué significó el 2025 para su carrera?
- Era lo que buscaba, tener un campeonato completo e dn el cuerpo, jugué 23 de 24 partidos y solamente me superó Luis Ureta, el arquero de Puerto Montt, que además fue el equipo campeón. Venía de Santiago Morning, donde no había sumado muchos minutos, pero este puesto es así, además que a mí siempre me ha tocado venir desde atrás.
- ¿Qué cree que cambió en usted en este último tiempo?
- Por mi parte tengo mi preparador físico, un psicólogo y me pago también un preparador de arqueros. Tengo todo lo necesario para poder desarrollarme, pero eso significa también una gran inversión y en estos tiempos es complicado, porque no sabes qué va a pasar. Muchas veces un arquero que viene de Segunda es mal visto, a veces por la edad o la poca experiencia en las divisiones más altas. Si no tienes un nombre o una consolidación, todo cuesta el doble, pero a mi nada me quita el objetivo de dar un salto mayor en mi carrera.
- A sus 29 años, ¿cuáles son los objetivos que le quedan pendientes en el fútbol?
- Ojalá poder consolidarme en la Primera B y después ya ir a algún club de Primera División. Yo la verdad es que no me siento tan lejos de ese nivel y sigo trabajando para lograrlo. Y por qué no soñar con una sección chilena también en el futuro. Si te das cuenta, la gran mayoría de los arqueros alcanza la maduración a los 33-34 años. Se lo que me preparo día a día para lograr estas cosas, y así ha sido durante toda mi vida.
La distancia con su familia: “Nunca nos habíamos separado”
- Entiendo que durante el año pasado realizó importantes sacrificios a nivel personal...
- Lo más duro fue estar lejos de mi familia. Lo que pasó es que mi señora tenía un trabajo en Santiago, entonces ella se quedó ahí con nuestra hija de tres años. Fue duro porque nunca nos habíamos separado de esa manera, aparte que es mi primera hija, entonces estar ausente del proceso de crianza fue complejo. Yo viajaba todos los fines de semana, pero igual era un gasto, además que en la Segunda División no es que se gane grandes fortunas.
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- ¿Cómo lo hizo para superar los momentos difíciles durante la temporada?
- En la semana trataba solamente de entrenar, de no tener muchos tiempos muertos para no pensar en que estaba lejos de mi familia. En Salamanca viví con otro compañero, entonces mi manera de desconectarme era entrenando y preparándome con todo, porque si me quedaba en la pieza era un martirio. A mi hija la llamaba por lo menos cinco veces al día, pero obviamente no era mucho lo que podía hablar con ella. A esa edad tampoco tienen tanto nivel de atención. Entonces en cada tiempo libre que tenía, me iba a Santiago. Era chistoso porque la mayoría de mis compañeros también eran de afuera, entonces viajábamos todos juntos en una camioneta, que terminaba siempre llena.
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