ENTREVISTA AS

“Mi mamá lloró cuando le dije que me iba a Europa... Me sorprendió el idioma, no entiendo nada”

“A mi familia siempre la extraño. Me fui de la casa a los 17 años, cuando salí en busca de ser jugador profesional. Aprendí a vivir solo”, afirma Ángel Gillard a As.

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Desde su nueva casa en Hunedoara, una ciudad ubicada a 400 kilómetros al oeste de la capital rumana, Bucarest, Ángel Gillard cuenta su nueva vida en Europa. El delantero de 24 años fue presentado como nuevo refuerzo del Corvinul, de la segunda categoría de dicho país, y está encantado.

“La ciudad me pareció muy linda, está lleno de montañas, con mucho verde. El centro es bonito también. Lo que me llama más la atención son los castillos. Me dejó loco. Fui a conocer el Castillo Corvin y muy lindo. La ciudad es tranquila, es limpio y ordenado", dice el ahora ex atacante de Deportes Concepción, en conversación con As.

- ¿Qué es lo que más le sorprendió de la ciudad?

- Es llamativo conocer otra cultura. Me llamo mucho la atención los castillos, hay muchos en la ciudad. La cultura es buena y me pone contento también aprender de su historia y todo lo relacionado al país.

- ¿Cuál ha sido el mayor choque cultural?

- Cuando empecé a compartir con mis compañeros me llamó la atención el idioma. Se habla rumano y no entiendo nada. Estoy estudiando rumano e inglés, así que de a poco me iré comunicando de mejor manera. Lo bueno es que tengo dos compañeros que hablan español y hay un chico que es de Perú. El preparador físico también tiene nuestro idioma.

- ¿Qué le dijo su familia cuando se enteraron de la oferta?

- Cuando salió la propuesta lo primero que hice fue llamar a mi mamá y a mi hermano. Ellos siempre me acompañan, sobre todo mi mamá, porque el amor de madre siempre está ahí. Lo tomaron de buena manera. Me apoyan y me desean lo mejor. Este es mi sueño, así que ellos están felices. Mi mamá se puso a llorar y mi hermano se puso contento, igual que toda mi familia.

- Imagino que los echará de menos...

- A mi familia siempre la extraño. Me fui de la casa a los 17 años, cuando salí en busca de ser jugador profesional. Aprendí a vivir solo. Me fui acostumbrando a esa rutina. Ellos tienen su vida en Argentina, los echo de menos pero tengo un propósito que es mi sueño. Lo que importa es que siempre estamos conectados. Ellos tendrán la posibilidad de viajar a verme.

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