“No pude llegar a la muerte de mi hijo... Lloramos juntos y me encerré en la pieza”
“Mi papá me llamó y llorando me dice… ‘Clemente falleció’. De ahí bajé a contarle a mi cuñado, nos dimos un abrazo", dijo Jaime Carreño.

A finales de 2019 y a comienzos de 2020, Jaime Carreño vivió el momento más duro de su vida. El ex volante de Universidad Católica sufrió la pérdida de su hijo a pocos días de nacer, producto de una enfermedad detectada durante la gestación.
En diálogo con Te Quiero Ver, de TNT Sports, el mediocampista que militaba en Oriente Petrolero en ese entonces, recodó el complejo momento. “Clemente, mi segundo hijo, en la semana 26 se le detectó que venía con una enfermedad genética. La probabilidad de vida que tenía era cada vez era menor, entonces nos dijeron: su hijo va a nacer, pero que iba a fallecer porque no tenía líquido amniótico, y él tenía un problema renal, tenía los riñones del porte de un adulto. Entonces, fue duro el el momento y justo nos tocó cuando salimos campeones en 2019”, reveló.
“Él nació y lloro. Lloró, y como que nos mirábamos con eso y fue como como un alivio, un respiro, y lo tomaron y se lo llevaron. Entonces, se lo llevaron para ver si necesitaba reanimación. Fueron 10 a 15 minutos, que no sabíamos cómo estaba nuestro hijo. Yo estaba al lado de Isi y llorábamos juntos porque había pegado ese grito, ese llanto, y era como, ¿Cómo está nuestro hijo? Entraba un doctor, entraba otro y así; hasta que entró la psicóloga, nos mostró una foto y dijo: aquí está su hijo, no requirió algo para respirar. Entonces, su hijo está bien que dentro de todo”, añadió.
Carreño se encontraba en Bolivia y su familia lo llamaba constantemente de emergencia debido al estado de salud de su hijo Clemente. A los 29 días de haber nacido, recibió la peor noticia y dio detalles sobre cómo vivió esa situación.
“Me llamaban y me decían: tienes que viajar porque probablemente tu hijo no pase de esta noche. Yo llegaba y Clemente mejoraba (…) Posteriormente, yo no pude estar en el en el momento (de su partida). Estaba allá (en Bolivia), me llaman una vez más y me llama mi papá. Ahí, llorando me dice… Clemente falleció. De ahí bajé a contarle a mi cuñado, nos dimos un abrazo y lloramos juntos un buen rato y después me encerré en mi pieza. Fue duro, fue duro, fue duro, terrible. No, no pude llegar, pues tuve que esperar que ellos vinieran a acá”, dijo el futbolista formado en la UC.
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“El cuerpo de Clemente lo tenemos en un ánfora. Se cremó su cuerpo y tenemos un ánfora, un altar y él nos acompaña a la ciudad que nos ha tocado estar. Le tenemos su altar, unas fotos, recuerdos que él tenía y lo tenemos en su altar”, cerró.
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