“Mis hijas están felices y orgullosas de lo logrado en el desierto de Atacama; los chilenos son espectaculares”
“Mi mamá me enseñó muchísimo de esto y me decía que el deporte es la insulina del pobre”, indicó Carlos Ramírez.
A comienzos de abril, el desierto de Atacama fue escenario de una de las carreras de mountain bike más exigentes del mundo.
La Atacama Spirits es una prueba de gravel que llevó al límite a todos sus participantes. Entre ellos estuvo el atleta colombiano Carlos Ramírez, quien compitió con diabetes tipo 1.
Ramírez, de 54 años, comenzó en el ciclismo de montaña en 1997. Sin embargo, ocho años antes había sido diagnosticado con la enfermedad, lo que lo llevó a convertir la bicicleta en un estilo de vida para enfrentar la diabetes.
“Mi mamá me enseñó muchísimo sobre esto, ya que ella también tenía diabetes. Me decía que el deporte es la insulina del pobre, que se transformaba en una necesidad para reducir el requerimiento de insulina, que en los años 80 era un bien muy valioso en Colombia”, comentó.
- ¿Esta fue su primera vez en Chile? ¿Conocía algo antes del país?
- Sí, fue mi primera vez y también en el desierto de Atacama. La verdad es que conocía solo el vino (ríe). Fue fantástico, los chilenos son espectaculares.
- Usted comenzó en el ciclismo en los 90, ¿cómo fue dar el salto de vivir del ciclismo de manera recreacional a algo más profesional con diabetes?
- Fue un tema de adaptación, tenía que regular desde el inicio el tema de la energía y evitar las hipoglucemias era bien complicado al principio, ya que no me permitía rodar más de tres horas. Ya luego empecé a estudiar la diabetes, y con el monitoreo continuo pude extender las horas hasta 10 y comenzar a realizar ciclismo de montaña.
- Ahora compitió en el desierto más seco del mundo, como lo es el desierto de Atacama. ¿Cómo fue esta experiencia?
- Imagínate que mi referencia es el desierto de la Tatacoa en Colombia, que es más pequeño y húmedo, entonces Atacama, al ser más seco, no te das cuenta de que te estás deshidratando. Entonces, esto para mí fue nuevo, fue un reto bueno y divertido.
- Hay diversos atletas en el mundo con diabetes tipo 1, ¿qué le han dicho sus compañeros por lograr competir con esta enfermedad?
- Ha sido fantástica la recepción de la gente, aquí en la competencia de Atacama los mismos competidores me decían que iban a estar pendientes de mi glicemia, inclusive los organizadores me dijeron que tenían temor de recibirme porque no sabían cómo iba a reaccionar en un lugar tan extremo, pero estuvieron muy pendientes y tenían un refrigerador especial para guardar mis medicamentos.
- ¿Cómo ha vivido su familia todo este proceso?
- Mi familia sintió el aislamiento de mi entrenamiento por seis meses, pero cuando vieron el resultado les pareció fantástico, ya que vieron cada paso, los retos y están orgullosos. Para mí también es un placer porque yo hice esto por ellos, por ejemplo, en mi timón tenía una guitarrita de lana que tejió mi hija en recuerdo a mi mamá que falleció en 2011 por una hipoglicemia.
- ¿Qué le dijo su hija tras acabar la carrera?
- Mis dos hijas están felices y orgullosas de todo lo logrado. Ellas saben lo importante que fue para mí cuando nació la idea de competir en Atacama, creo que es una buena lección para mis hijas como padre de mostrarles constancia, resiliencia y fe en que las cosas sí se pueden dar.
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