“Fui resultado de una relación extramarital de mi papá... Él tenía cuatro hijos y aparezco yo con mi mamá”
“Entonces mi papá iba el sábado a mi casa con mi mamá y conmigo y yo iba el domingo a la casa de mi papá con mis hermanos y mi tía”, recuerda Cristián de la Fuente.


En conversación con Berni Cruz en La Última Palabra, Cristián de la Fuente se abre acerca del orden afectivo que lo moldeó desde niño y la noche en que la violencia tocó a su familia. El actor reflexiona sobre la figura de su padre y una dinámica que, por años, mezcló cariño con ausencia.
De la Fuente explica el contexto que lo define desde niño: “Yo fui el resultado de una relación extramarital de mi papá. Mi papá estaba casado, tenía cuatro hijos y aparezco yo con mi mamá. Pero mi papá en vez de separarnos a todos, nos unió a todos”.
Ese orden, dice, creó una cotidianeidad peculiar: “Entonces mi papá iba el sábado a mi casa con mi mamá y conmigo y yo iba el domingo a la casa de mi papá con mis hermanos y mi tía”. Pero esa normalidad aparente convivía con grietas que hoy reconoce: “En enero yo me iba de vacaciones, por eso se necesita terapia. Entonces tú cachas el nivel de disociación que yo pude tener en el cerebro”.
Lo que más pesa, confiesa, es la escena que se repetía una y otra vez: “Mi papá iba todos los días de seis de la tarde a diez de la noche a mi casa. Pero a las diez de la noche me decía buenas noches y se iba a su casa, a su otra casa”, señaló.
Y analiza el efecto en el niño que fue: “Entonces ese niño, todos los días su papá se iba y él no entendía por qué si el papá lo quería tanto no se quedaba”. A partir de esto, explica: “Ese niño tenía que ser el más seco en el colegio, no tenía tolerancia al error y al fracaso, quería tener el mejor promedio y entrar a la mejor universidad. ¿Por qué? Porque demostrarle, papá, acá estoy, como, no te vayas”.
Con los años, esto trajo conclusiones duras y necesarias: “Entender que mi papá, como papá, fue lo más grande del mundo, pero en las relaciones familiares fue como las pelotas. Pero eso hay que entenderlo, el ídolo, se te tiene que caer”, concluyó.
La noche del disparo: “Era mi cumpleaños”
Después viene el episodio más duro: la noche en que una bala casi lo alcanza y terminó hiriendo a su hija. “A mí me pasó una bala a tres centímetros de la cabeza, porque la bala iba para mí y por no darme a mí, le dieron a la Laura (su hija)”, comentó.
La posibilidad de otro desenlace lo persigue y menciona que “no sé qué hubiera sido peor para la Laura, si recibir ese balazo, o que le hubieran volado la cabeza al papá en frente de ella”. Él mismo grafica lo estrecho del margen: “Estamos hablando de tres centímetros, en tres centímetros menos y la bala me pasaba por acá y me volaba la cabeza”, añadió.
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Ese día quedó marcado por detalles imposibles de olvidar: “Era mi cumpleaños. Llegamos a la clínica como a las cinco, de las cinco hasta las cuatro de la mañana que salió del pabellón, nunca había rezado tanto en mi vida. Era horrible”. Y también por una pregunta que no lo soltaba: “¿Por qué a ella y no a mí? Puta, Diosito, por favor, que me dé un infarto, que yo me muera, pero que a la Laura no le pase nada”, agregó.
El aprendizaje vino con la necesidad de sostenerse. “Yo también necesito ayuda, yo también necesito tratarme, yo también necesito no tener culpa”, comenta. Hoy, agradece que “gracias a Dios no tuvo ninguna repercusión ni le dejó ninguna secuela”, y que su hija pudiera seguir con su vida. “No, fue horrible. Eso fue de las cosas duras que me ha tocado”, concluyó.
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