¿Oportunidad ante el diésel? La electrificación del transporte pesado irrumpe como posible ventaja estratégica
En medio de la volatilidad del petróleo y la dependencia energética, la industria logística comienza a virar hacia camiones eléctricos capaces de reducir costos, emisiones y vulnerabilidad económica.

La creciente inestabilidad en los mercados energéticos globales —marcados por conflictos geopolíticos, crisis de suministro y fluctuaciones en el precio del petróleo— está tensionando con fuerza a economías altamente dependientes de combustibles importados, como la chilena. En este escenario, el transporte de carga aparece como uno de los sectores más expuestos.
Actualmente, gran parte de la logística nacional opera en base a diésel, lo que implica que cualquier variación en su precio impacta directamente en toda la cadena productiva. Sin embargo, este paradigma comienza a mostrar señales de cambio con el avance de la electromovilidad en el transporte pesado.
“La dependencia del diésel ha sido una constante durante décadas, pero hoy estamos frente a una oportunidad concreta de transformar esa realidad”, afirma Hernán Searle, gerente general de Trailer Logistics.
Según explica el ejecutivo, la irrupción de camiones eléctricos en el segmento de carga pesada no solo responde a una tendencia tecnológica global, sino que abre una oportunidad estratégica para Chile: sustituir energía importada por energía generada localmente, en gran parte proveniente de fuentes renovables.
El país cuenta con condiciones particularmente favorables para esta transición, como su alto potencial solar en el norte, recursos eólicos en distintas zonas y una matriz energética que avanza sostenidamente hacia la descarbonización.
En esta línea, Trailer Logistics ha impulsado la incorporación de soluciones de estándar internacional en el mercado local. Un ejemplo es la llegada del camión eléctrico Windrose, recientemente homologado en Chile y diseñado para operar completamente con energía eléctrica.
“El desarrollo tecnológico ya permite autonomías que hace pocos años parecían impensadas. Hoy estamos hablando de camiones capaces de recorrer hasta 670 kilómetros con una sola carga, lo que los hace viables para operaciones reales de larga distancia”, agrega Searle.
Este rendimiento ya ha sido probado en rutas nacionales, incluyendo trayectos entre Santiago y La Serena, así como entre Santiago y Talcahuano, realizados sin necesidad de recarga intermedia.
Más allá de sus prestaciones técnicas, el impacto de esta tecnología se proyecta a nivel estructural. La electrificación del transporte pesado permite reducir costos operativos, disminuir emisiones y, al mismo tiempo, avanzar hacia una mayor independencia energética.
“Esto no se trata solo de cambiar un tipo de motor por otro. Se trata de construir un sistema logístico más resiliente, menos expuesto a factores externos y alineado con los desafíos energéticos del futuro”, enfatiza el gerente general de Trailer Logistics.
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Si bien la transición requiere inversión en infraestructura, planificación y coordinación entre actores públicos y privados, el proceso ya está en marcha. En un contexto global cada vez más incierto, la electrificación del transporte pesado comienza a consolidarse no solo como una alternativa, sino como una ventaja competitiva para el país.
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