Por la suma de sus defectos

¿La verdad? Casi tuve una carcajada cuando Felipe Flores derrotó a Víctor, meta de Atlético Mineiro, con un sorpresivo zurdazo desde más de 30 metros. El delantero albo debutaba en Copa Libertadores y hasta ese momento, 38 del primer tiempo, su contacto con el balón había sido casi inexistente. Toda la acción estaba en el otro lado, sobre todo cuando Juan Delgado metía diagonales. Pero el Pipe nada. Apenas una cachaña mal ejecutada y algún pase al rival. En la suya no más. Hasta que, en la suya también, decidió jugarse un carril y disparar desde muy lejos. No ha sido Flores un jugador de golazos desde distancia. No es un Juan Carlos Orellana o Miguel Aceval que meten el balazo y la clavan en cualquier momento. Peor, le hemos visto fallar goles desde muy cerca, mandándola a la tribuna y provocando la mofa del público. Entonces ese improbable disparo desde el horizonte no podía tener buen destino. Más si en el arco estaba el sólido Víctor.

Pero en la misma ilógica del atrevimiento de Flores está su virtud. En la sumatoria de sus capacidades técnicas no luce, es un experto en sacarle canas verdes a los entrenadores (por algo Tapia lo quería echar) y el único podio que tiene es ser el jugador más provocador y odiado por los rivales. En el torneo anterior apenas la embocó una vez y falló veinte más. Por todo eso, paradójicamente, es que el zurdazo de Felipe Flores terminó en las redes brasileñas. Porque fue tan ilógico, tan carente de estética, tan extraño, que hasta el bote aportó su parte inaudita y terminó por colarse bajo los desconsolados brazos de Víctor.

Critican tanto a Flores, y con tanta razón también, los rivales lo insultan y detestan con tal pasión, como, al final, es querido por los hinchas. Porque no es el mejor, ni el del medio, ni nada. Porque siempre está en la lista de los prescindibles, porque es cabeza de cartel de todos los chistes, porque el que le digan Chipamogli es casi un elogio. Porque es malo, pero es bueno, al final. Hace goles importantes, no arruga, en los clásicos siempre deja algún abollón. Porque hizo el gol más feo y el más lindo de su carrera a la vez. A lo Pipe Flores, es lo que hay.