El otro Marcelo, 17 años después

El otro Marcelo, 17 años después

A 17 años de ese extraordinario domingo en Key Biscayne en que Marcelo Ríos venció a Andre Agassi para convertirse en el primer latinoamericano en alcanzar el número uno del mundo, el tenis chileno nos sigue demostrando que es una inagotable fuente de talentos. Este fin de semana, otro Marcelo, Barrios, de 17 años se consagró campeón sudamericano Sub 18 en La Paz convirtiéndose en las próximas horas –una vez que se apliquen los puntos– en top 15 del ranking mundial juvenil (ITF). Esta condición le permitirá ser cabeza de serie en los cuadros junior de Roland Garros y Wimbledon.

Podrán pasar los años, administraciones federativas de regular cometido, pero los tenistas chilenos siguen emergiendo. Cuesta explicarlo. Los clubes envejecen, la mayoría de las asociaciones funcionan con un estándar bajo de gestión, el apoyo escasea y cada vez hay menos jugadores compitiendo. Todo juega en contra, pero ahí están los tenistas criollos sacando la cara.

Para ser justos Barrios ha recibido apoyo. Se lo ganó con creces, pero lo ha recibido. También Fernanda Labraña, hoy número uno de Sudamérica en menores de 16 años y Miguel Pereira que remató cuarto en la gira Cosat y sacó pasajes al tour europeo con costo cero. Otros como Matías Soto, se quedaron por un cupo abajo del avión. Tenemos materia prima.

Volviendo a Barrios, el Del Potro chileno por su biotipo y estilo de juego, su título en La Paz lo puso en carrera por un lugar en el top ten del ranking ITF. Hace un par de años Christián Garín y Nicolás Jarry estuvieron en ese selecto grupo y hoy son los singlistas más jóvenes de todos los equipos de Copa Davis que intervinieron en la eliminatoria de comienzos de marzo. El recambio viene, pero no se limita a este par de jugadores. De atrás irrumpen chicos como Barrios con los mismos sueños y grandes condiciones.

Marcelo o Tomás como se le conoce en el circuito de menores es chillanejo, el único hombre de los cuatro hijos del matrimonio Barrios Vera. Cuenta su padre homónimo que tanto era su fanatismo por el tenis que varias veces se quedaron jugando hasta cerca de la medianoche en el club de la ciudad. Cuando su nivel fue en ascenso debió trasladarse a Concepción y hoy ya instalado en la elite del tenis mundial juvenil prepara sus maletas para afincarse en Santiago. Al final, tanto en el caso de Barrios como en el de muchos otros lo que determina el éxito es el talento, la pasión y el esfuerzo familiar más que los apoyos estructurales que brinda la institucionalidad deportiva.

Esta semana, los amantes del tenis, estamos siguiendo el Master 1000 de Miami y duele que no haya habido siquiera un chileno en la qualy. El último en entrar a la clasificación fue el estadounidense Chase Buchanan (169 ATP) y el mejor de los nuestros, Jarry (192) está 23 lugares más abajo. Una realidad en la que, por ahora, no tenemos cabida. Hay que aceptarlo. El camino es largo y dificultoso, pero no imposible. Además, ¿por qué el parámetro deben ser las carreras de Ríos, Massú y González? ¿Hay un mandato superior? ¿Acaso si Garín y Jarry no hacen carrera como top 50 del ranking ATP no sería un gran logro? Para mí, sí, sin lugar a dudas. Y quién dice que una vez estando ahí no puedan pegar un salto cualitativo. Tiempo al tiempo. Trabajo y paciencia.

A 17 años de la hazaña de Ríos, otro Marcelo, en una dimensión infinitamente menor, alzó los brazos y levantó una copa en el extranjero. El tenis chileno rema contra viento y marea, pero sigue vivo. 

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