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¡Cuidado con lo que se escribe!

Actualizado a

Leyendo los comentarios en redes sociales de algunos seguidores del tenis normalmente bien informados me llamó mucho la atención el cuestionamiento a Hans Podlipnik y Nicolás Jarry por perder en la primer ronda de la clasificación de Wimbledon. Varios escribieron que ir a Londres fue un despropósito si no tenían nivel suficiente para ganar un partido y que lo mejor, en el caso de Jarry, era esperar hasta que fuera 100 del mundo.

Es cierto que este año, entre Australia, Roland Garros y Wimbledon, todos los tenistas chilenos perdieron en la primera vuelta, pero también hay que reparar en el mérito que significa entrar en la qualy de un major. El ejercicio es simple y basta revisar la lista en La Catedral: el último en clasificar era 226 del mundo. Les garantizo que el tipo que estaba 227 esa semana se quería morir y que el resto de los dos mil jugadores activos con ranking ATP hubiesen dado todo por ser parte del torneo más antiguo y prestigioso del mundo.

El momento tenístico de Podlipnik y Jarry es otra parte de la historia. Si perdieron en el debut hay otro análisis. Podlipink venía de jugar la final de un challenger en Eslovaquia y tuvo escaso margen para acostumbrarse al pasto. Jarry quizás dispuso de más tiempo, pero le tocó un partido duro. El nieto de Jaime Fillol ha tenido una temporada irregular, con buenas semanas en Cali y Quito, regulares en Mestre y Santo Domingo y otras sin resultados favorables. Jarry tiene 19 años y está 200 del mundo. Un logro enorme. No lo jodamos. Dejemos que madure y haga su camino, no por perder en las qualies de los Grand Slam va a estar estancado.

Hay un dato que despedaza la crítica de quienes cuestionan la presencia de los jugadores chilenos en las clasificaciones de los Grand Slam. Por el solo hecho de intervenir en el torneo, perdiendo en primera ronda, se llevan más de tres millones de pesos (menos los impuestos). Es más plata que llegar a la final de un challenger de 50 mil dólares, cosa no sencilla. Podlipnik a los 27 años ha jugado apenas una en su carrera. ¿Renunciar a esa plata porque el nivel de los rivales es muy alto? Absurdo. De hecho, en el cuadro hubo 20 jugadores con un ranking más bajo que los chilenos.

Alcanzar la elite es un destino reservado para pocos, entrar a los 100 mejores del mundo para vivir con holgura del tenis, un logro muy difícil de conseguir. Y meterse entre el 100 y el 250 para llegar a fin de mes y amasar un pequeño patrimonio, la meta más realista para aquellos jugadores de buen nivel que reman día a día desde atrás. Ahí está el corte. Y no hay más. El resto deber hacer mil malabares para financiarse. Cada temporada decenas de estos jugadores quiebran y deben retirarse. ¿Cómo perderse entonces la qualy de Wimbledon? Jamás. Aunque creas que el pasto es para las vacas, como dijeron Vilas, Prajoux y Ríos.

El tenis es un deporte donde estar fuera de los 300 primeros del ranking mantiene la ampolleta roja encendida. Todo es gasto y los ingresos son limitados. Mientras más atrás estás en la clasificación más cuesta arriba se hace vivir de este deporte. Tal como señaló hace un tiempo Andy Murray “no puede ser que un jugador que gana un torneo futuro no logre pagar sus costos”. ¿Un ejemplo concreto? Perder en primera ronda de un challenger de 42 mil euros en Europa te reporta 440 dólares. ¿Cómo vivir una semana en el viejo mundo con esa plata? Imposible. Y en los futuros la realidad es aún más dramática.

El sistema de reparto es desproporcionado y afecta a la inmensa mayoría de los jugadores chilenos aunque afortunadamente existen algunas vías de financiamiento complementario como jugar interclubes en Europa o torneos por plata en Francia. También hay caminos alternativos como enrolarse antes de cumplir 20 años en una universidad estadounidense. El tenis es un deporte duro, muy mental, quienes lo practican profesionalmente cultivan un perfil personalista y esa condición, en algún sentido, ayuda a los más rezagados en el ranking sobrellevar una vida donde los éxitos deportivos son acotados.

La desigualdad en los ingresos está siendo tierra fértil para el pago de sobornos. Desde hace un tiempo las casas de apuestas legales incluyeron el tenis y todo el mundo comenta en los pasillos del circuito secundario que algunos jugadores con problemas de financiamiento se han dejado perder ante tipos de peor ranking para mantener sus carreras. Plata fácil, pero negra y peligrosa. La figura sería habitual en distintos puntos del planeta: un operador contacta al jugador, le paga en efectivo o a través de un tercero y se pacta la derrota. Ocurre a menudo. En el tenis sudamericano habría algunos casos. ¿En Chile? Solo rumores. La Federación Internacional de Tenis no tiene pruebas concluyentes, aunque sí en la mira a varios jugadores de la región.

No justifico a quienes eventualmente recibieron plata por dejarse perder. Es feo, reprochable, atenta contra los valores del deporte y merece ser castigado. Pero podría llegar a entenderlo como un acto desesperado. Es que la desigualdad es brutal. Una cosa es la selección natural, pero otra que la base de la pirámide, aquella de los torneos futuros, exista gracias al esfuerzo y patrimonio de los propios jugadores. Federación Internacional debe regular y hacerse cargo. No lo digo yo, lo dice Andy Murray.

Ya lo saben, si algún chileno clasifica a la qualy de un Grand Slam no tiene ni que pensarlo. ¡Esté pasando por un buen, regular, mal o pésimo momento tenístico debe ir a Melbourne, París, Londres o Nueva York a pata pelada!

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