Peralta, un talento vintage

Peralta, un talento vintage

Julio Peralta tiene 33 años. Vive en California y trabaja en una academia de tenis. Es un tenista semiretirado, contemporáneo de Fernando González y Nicolás Massú, y que a la edad en que casi todos los ilustres de nuestro país ya estaban retirados, él alcanzó el sueño de toda su vida: jugar un Grand Slam.

Peralta se retiró oficialmente hace 10 temporadas, cuando los problemas a la espalda acabaron con su paciencia, pero el fuego interno no se quemó por completo. Su nombre siempre estuvo al tope entre los "casi casi", aquellos deportistas que insinuaron mucho, pero nunca llegaron. Nombres de esos que en el deporte chileno sobran, con una crueldad dolorosa para un país pequeño, pero que siempre se las arregla para parir deportistas destacados.

Sin exagerar, Peralta está entre los jugadores con más talento que he visto en vivo y en directo en el tenis chileno, junto con Marcelo Ríos y Fernando González. Hablo del talento innato, puro, ese con el que se nace y por el que uno pagaría a ojos cerrados una entrada por ver a quienes lo poseen. El que todo tenista aficionado o amateur sueña haber tenido. Ese talento que, cuando uno lo mira, le permite decir: "¡Qué fácil es jugar tenis!".

A pesar de que Peralta se retiró formalmente en 2005, el tenis siguió siendo parte esencial de su vida y se negó a abandonar por completo esa pasión. Estuvo viviendo en Alemania, donde se pudo codear con jugadores profesionales en los famosos torneos de interclubes y, de tanto en tanto, se inscribía en algún Futuro, para no perderle el gustito al profesionalismo.

En 2008 Peralta ganó dos torneos Futuro en Chile y tuve la oportunidad de ver un par de partidos de él. Nada grafica mejor su talento que el siguiente cuadro: un jugador que llegaba una media hora antes de sus partidos, se presentaba en la mesa oficial, hacía un pequeño trote para entrar en calor, elongaba y entraba a la cancha para ganarle 6-3, 6-1 a un 300 del mundo. Así de bueno era.

Son pocos los casos de jugadores que compiten por placer, no por plata ni gloria, si no por el gusto de entrar a una cancha y hacer lo que más les gusta. Una mezcla entre amateur y profesional, el ideal para cualquiera, él lo está cumpliendo. No juega porque sea su profesión sino porque quiere, sin presiones ni exigencias. Va a los torneos que le da la gana y despliega el tenis en su estado más elemental.

No es de extrañar que gracias a eso pudiera comenzar a crecer de nuevo, sin importar la edad. El año pasado superó las clasificaciones de un Challenger y en este volvió a hacerlo, sólo que en 2015 encontró en el doble a su aliado perfecto. Jugar en parejas reduce considerablemente la exigencia física - por algo los mejores doblistas del mundo están entre los 30 y 40 años - y así las condiciones técnicas pueden resaltar aún más. Y vaya que lo ha hecho.

Comenzó el año ganando un par de Futuros y escaló rápidamente a los Challenger, donde tiene un título, tres finales y una semifinal. Luego, junto al estadounidense Matt Seeberger, otro treintañero, llegaron como principales cabezas de serie al Campeonato Nacional de Estados Unidos y respondieron al favoritismo con el título. ¿El premio? Un wild card al cuadro principal del US Open.

Julio Peralta tiene 33 años. Vive en California y trabaja en una academia de tenis. Es un tenista semiretirado que salió del baúl de los recuerdos, y será el primer chileno en cuatro años en disputar un Grand Slam. Cumplió su sueño y le dio un respiro a los jóvenes del recambio que cargan con tanto peso sobre sus hombros. Es un talento vintage que hizo honor a sus condiciones y ya no es un "casi casi". Ahora es un consagrado.

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