Sin memoria

Joaquín Edwards Bello señalaba el gusto chileno por las demoliciones. Como la ciudad, sobre todo Santiago, destruía su historia sin remilgos, dejando el pasado, muchas veces luminoso, bajo una insondable capa de escombros. Estos días, la noticia no ha rebotado en los grandes medios, en Iquique existe una polémica sorprendente y triste: el edificio que aloja la Bomba España de esa ciudad corre el riesgo de ser demolido y convertido en un triste inmueble de oficinas. La construcción de madera data de la época peruana, pero el detalle más alarmante es que se trata del lugar, y así lo señala una olvidada placa metálica, donde fueron velados los restos de Arturo Prat en 1879.

Por lo anterior no sorprende un episodio muy revelador en el museo que funciona al interior del Estadio Monumental. Sabemos, y vale como advertencia, que la Sociedad Anónima Blanco & Negro compró la “marca” Colo Colo, pero bien poco enaltece, se vincula y respeta su historia. Que Leonidas Vial trate al club, con todas sus implicancias sociales, como una empresa más o que Aníbal Mosa en el último aniversario no se supiera el himno y moviera los labios sin emitir sonido cuando se entonaba, pueden ser vistos como datos curiosos, incluso divertidos. Pero la sumatoria de equívocos, torpezas y desconocimientos son ilustrativos.

El Mercurio publicó el día lunes 19 de octubre que en Brasil había aparecido la camiseta que Alejandro “Pope” Silva ocupó en el triunfo de Colo Colo sobre Botafogo el 6 de abril de 1973. Ése partido, el primer triunfo chileno en Maracaná, está señalado como una de las efemérides del balompié nacional y con el tiempo el equipo de Luis Álamos se ha transformado en una especie de mito, del cual se han escrito dos libros y elaborado varios documentales.

La camiseta, 18 en el dorsal, la tuvo el ingeniero chileno Ricardo Moya por 42 años guardada en una bolsa. Presente en esa histórica jornada, al finalizar el partido llevó una bandera chilena de regalo al hotel donde estaba el equipo chileno y el “Pope” (apodo puesto por Sergio Messen), a quien conocía del Liceo 1 de Molina, en agradecimiento le regaló su tricota.

La memorabilia del deporte chileno es escasa, tal vez inexistente. Los recuerdos se han salvado por algunos coleccionistas y obsesos, que han peinado librerías de viejos, mercados persas y ferias libres. Los últimos 20 años, con la web, ha sido más fácil pesquisar estos objetos sagrados. También se destaca la gran labor del Museo de la Moda, que ya hizo una exposición fantástica el 2010 sobre el Mundial de 1962 y ahora prepara una muestra de camisetas de todo el mundo, donde destacan ejemplares auténticos de Johan Cruyff, Pelé, Diego Maradona o Zinedine Zidane.

El tema es que la camiseta de Silva, uno de los pocos recuerdos tangibles y reales que quedan de Colo Colo 1973, fue ofrecida como regalo al Museo del Estadio Monumental. El encargado, cuyo nombre se me escapa, no sabía quién era Alejandro Silva y la verdad es que ignoraba gran parte de la campaña y el significado del equipo. A regañadientes, y poniendo todo tipo de problemas, o mala voluntad, tramitó el ingreso de la camiseta al Museo, el cual se concretaba este martes 20, después de varias semanas de intentonas y mucha paciencia de los donantes. Desde la dirigencia la respuesta no fue mejor: indiferencia, desconocimiento, incluso perplejidad. Como si les estuvieran ofreciendo un paraguas viejo o una botella rota. Si les donaban un short de Francisco Prieto o la vincha de Miralles (o una botella de Johnny Walker etiqueta negra) la respuesta de seguro era otra.

Resulta sorprendente que el encargado de un museo donde se supone se rescata y protege la historia de Colo Colo, no sepa quién fue Alejandro Silva. También es triste que esos mismos dirigentes que tararean el himno porque no se lo saben respondan con desinterés y desidia cuando un hincha se desprende de su más preciado recuerdo en beneficio de una comunidad. Pero, dándole una vuelta más a la historia, lo raro hubiera sido lo contrario: que el encargado del museo caminara por las paredes de alegría ante el inesperado hallazgo o que Aníbal Mosa fuera corriendo a conocer la camiseta. Una de las formas de apropiarse de algo es borrar su historia, minimizarla o desconocerla. No muy distinto de las demoliciones que tanto abrumaban a Edwards Bello.