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MARCELO HERNANDEZ/PHOTOSPORT
Rodrigo Hernández
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Los escenarios nominalmente óptimos en la Roja, dentro del poco favorable contexto (que es buscar entrenador con las eliminatorias en marcha y tras el proceso más exitoso en la historia del fútbol chileno) ya no corren. Se desvanecieron con particular rapidez en las últimas dos semanas y obligan hoy a la ANFP a manejar opciones menos convincentes.

Luego del descalabro derivado de la poco feliz renuncia de Sampaoli había dos candidatos naturales: Bielsa y Berrizo. El primero, como era de esperar, se declaró no disponible. Su negativa le dio la razón a sus cercanos que sostenían que el rosarino jamás regresaba a los sitios donde alguna vez fue feliz. El loco se encariñó con Chile y con un grupo de jugadores al que nutrió de una mística especial. Pero ambos argumentos, sumado a la seriedad que le aseguraba la administración Salah, no fueron suficientes para que pegara la vuelta a Juan Pinto Durán. Bielsa nunca dirigió dos veces en el mismo lugar y, por lo visto, así seguirá siendo.

La opción de Berizzo, que pintaba mejor, también se cayó. Y fue un balde de agua fría porque pese a que la fórmula no convencía de todo a Arturo Salah, el presidente del fútbol chileno se había abierto a la opción de que el Toto desembarcara en junio una vez que acabase su contrato con Celta de Vigo. Sin embargo, la posibilidad se fue enredando sobre la marcha y finalmente el ex técnico de O’Higgins decidió cerrarle la puerta a la roja. Tal cual, Berizzo no es carta y hay que dar vuelta la página. Fue la peor noticia que pudo llegar a Quilín.

Como Becaccece, el tercer y último candidato ideal, está, por razones obvias, fuera de carrera, Salah debe ahora echar a correr la lista de prioridades. Técnicos calificados habrá siempre, pero el gran problema que debe afrontar el nuevo directorio de la ANFP es que la mayoría de los buenos entrenadores está con contrato vigente. La baraja de aquellos con disponibilidad inmediata es particularmente reducida.

Más allá de lo que se ha sabido en las últimas horas, -la respuesta negativa de Alejandro Sabella y un sondeo en curso con Marcelo Gallardo- lo complejo del panorama para la selección es que con el descarte de Bielsa y Berizzo quien asuma deberá partir de cero. No es que el fútbol sea como la Nasa, pero resulta que a Chile le costó tanto ser protagonista y alcanzar una identidad de juego que la mejor salida al affaire Sampaoli era que el reemplazante hubiese trabajado antes con el equipo. No se dio y le puede costar caro a la roja en los primeros partidos.

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Con todo, si bien el entrenador que llegue tendrá un enorme desafío por delante, el rol de los jugadores y, en especial, de los grandes referentes del camarín, será determinante. Si el plantel aspira a proyectar su buen momento deberá ser generoso con el nuevo técnico. Validarlo. Poner lo mejor de su parte para entender su concepción táctica. El nuevo DT no será Sampaoli y, por lo tanto, su manejo del vestuario, de la disciplina, también tendrá ciertas diferencias. En este último punto será vital el compromiso de los jugadores.

Los deportistas de cualquier disciplina siempre dicen que lo difícil no es llegar arriba, sino mantenerse. Y aunque suene a lugar común, la frase esconde una gran verdad. El fútbol no es la excepción. Chile incubó una idea, la matizó en el tiempo, sus jugadores fueron desarrollándose en sus carreras y pasó de ser un equipo competitivo a un animador permanente de todo lo que jugó. Hoy, según el ranking FIFA, es el quinto mejor equipo del mundo y ese es un capital que hay que cuidar a toda costa. Por eso la elección del nuevo entrenador es una decisión clave para el futuro de una generación que está en plena madurez y tiene mucho que dar en, al menos, un ciclo mundialista más. El calendario avanza, ya no jugamos los amistosos de fines de enero y el margen para iniciar el trabajo se acorta radicalmente. Se vienen Argentina y Venezuela. Vivimos días cruciales.

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