¿El año de los 4 grandes para Nole?

El título de Novak Djokovic en el abierto de Australia dejó varias conclusiones de cara a una temporada donde el número uno del mundo debiese reeditar su amplio dominio de 2015. Es que de los cuatro fantásticos (Nole, Murray, Federer y Nadal) queda el ingenio del apodo pero poco espacio para que el mallorquín vuelva a ser una amenaza real para Djokovic. La baraja cambió la temporada anterior y está por verse si tanto Nadal como Federer pueden volver a alzar un título de Grand Slam.

Mientras el serbio siga jugando así será difícil que le arrebaten los majors. Está a un nivel tan alto que puede permitirse un recreo ante el francés Gilles Simon que lo llevó a un quinto parcial y luego ganar sin grandes sobresaltos la semifinal ante Federer y la final frente a Murray en sets corridos. Nole exhibe tal intensidad que hace imposible que sus rivales sostengan ese ritmo de juego. En semis, para ganar el tercer set Federer tuvo que jugar al límite, tomar riesgos enormes y correr como un veinteañero. Se llevó el capítulo con brillantez, pero no pudo sostener esa consistencia y Djokovic puso las cosas en su lugar en el set siguiente y se llevó el partido.

Tal como en 2015 donde ganó tres de los cuatro Grand Slam, Nole vuelve a ser candidato para adjudicarse los cuatro grandes en una misma temporada. El año anterior quedó fuera de carrera con su derrota en la final de Roland Garros ante Wawrinka, pero posteriormente levantó los títulos en la catedral y el US Open. Su gran deuda sigue siendo el abierto parisino, el único major que no ha podido ganar y donde perdió las finales de 2012, 2014 y 2015.

La esperanza de Djokovic en Bois de Bulogne es directamente proporcional a la baja de Nadal que pese a haber dejado atrás sus lesiones está un par de peldaños más abajo respecto de su mejor versión. De aquel jugador imbatible en arcilla, nueve veces campeón de Roland Garros, queda su espíritu aguerrido, pero no su tenis. Su juego ya no demuele y ha pasado a ser abordable para los mejores del mundo. Como dijo Rod Laver, ganador de los cuatro grandes una misma temporada en 1962 y 1969, Nadal “perdió el gen ofensivo”. El maestro australiano tiene toda la razón, Rafa carece de profundidad, ya no castiga con sus tiros y su saque no es factor. Si Nadal no retoma su competitividad en la gira europea de arcilla previa a Roland Garros el gran favorito en Paris será Nole y no el español.

Además de saber si Djokovic será capaz de emular a Laver y alcanzar a Sampras y Nadal con 14 títulos de Grand Slam, la otra gran pregunta que se hace el mundo del tenis es si Federer, a sus 34 años, podrá levantar su decimoctavo major. El suizo confesó en Melbourne que una de las grandes razones por las que sigue compitiendo es la motivación de ganar otro grande. Federer, que no se adjudica uno de estos torneos desde Wimbledon en 2012, no solo se siente capaz sino que ha demostrado que está en condiciones de lograrlo. Sus finales de Wimbledon y US Open en 2015 dejan claro que su edad aún no es relevante. Federer juega lo justo y necesario, no tiene lesiones y se enfoca en los grandes torneos. La sociedad con Stefan Edberg le ayudó a jugar puntos cortos y afinar su definición en la red evitando un mayor desgaste. Su nueva relación con Iván Ljubicic luce por ahora una semifinal en Australia.

Para todos los federistas que esperamos que el suizo levante su decimoctavo major hay que tener claro que las opciones se van acotando. Aunque Federer se haya molestado en Australia y encarado a algunos periodistas que, según él, creen que “está viejo”, su edad lo condiciona. ¿Puede ganar otro Grand Slam? Sí, puede. ¿Cuánto tiempo dispone para intentarlo? A lo sumo hasta 2017. Ya después, con 36 años, la edad del retiro de Andre Agassi, la chance se torna muy cuesta arriba.

Si Nole pestañea y tiene un mal día, Federer estará al acecho. Ambos seguirán siendo los grandes protagonistas de una interesantísima temporada que, además, cuenta con los juegos olímpicos de Río de Janeiro. Sigamos disfrutando de estos cracks que en unos años más el panorama será muy distinto. ¡Qué siga volando la pelotita!