Hernández

Campeón aunque duela

Campeón aunque duela
FELIPE ZANCA
Rodrigo Hernández
Actualizado a

Es cierto, los goles no se merecen, se hacen. Pero los campeonatos que se merecen generalmente se ganan. Un título tiene que ver con un trabajo sostenido y aquellos argumentos de peso que avalaban esa candidatura o favoritismo. Sabemos que el fútbol es una caja de sorpresas y todo puede cambiar en un minuto pero la mayoría de las veces el desenlace premia al más solvente, al que hizo mejor las cosas, al proyecto diferenciador. Católica merecía ser campeón… y fue campeón.

El bulling a este columnista luego de establecer que la UC merecía el título y la posterior caída en Quillota, que dejó servido el campeonato a O’Higgins en la última fecha, no hizo más que demostrar lo impredecible del deporte en determinadas circunstancias. Aquellos que festinaron con un nuevo fracaso cruzado, lamentablemente, hoy deben tragarse sus palabras. Católica es el campeón del Clausura 2015-2016.

Para que quede claro, no se trata de resaltar el acierto de la columna anterior ni gastar líneas en un asunto irrelevante. Solo constato que nuestra subjetividad, apasionamiento y, en ciertos casos, irracionalidad se anteponen a los argumentos. Toda opinión expresada con seriedad debiese respetarse si va aparejada de fundamentos. Uno puede no estar de acuerdo y entrar a la conversación con otro punto de vista pero no irrumpir groseramente solo porque se trata de un color distinto al suyo. Hoy ganó la Católica, mañana volverá ser O’Higgins. Quizá el próximo campeón sea la U. Todo puede suceder.

El fútbol tiene picante, es sabroso desafiar al de enfrente. En los 90 Gorosito y Acosta eran especialistas en calentar los clásicos. Lo hacían con calidad, con un estilo provocador pero no insultante. Sin descalificar por descalificar. Picardía rioplatense en su máxima expresión. La definición del campeonato del 94 es capítulo aparte.

Cuando la UC perdió ante San Luis, obviamente, pasó a depender de O´Higgins y reflotó su gran tarea pendiente: el rendimiento como visitante. El equipo volvió a desaprovechar una enorme oportunidad, igual como ocurrió en Arica. Ahí hubo muchas conclusiones por adelantado. Pero el capítulo final aún no estaba escrito. Y si Católica dio la vuelta olímpica, más allá de todas las consideraciones, fue porque se trató del mejor equipo del campeonato. ¿Cagones? En San Carlos dieron vuelta el partido con Audax con huevos y jerarquía.

No porque Católica hubiese perdido en Quillota iba a pasar de ser el principal candidato al título a ser un desastre. No porque el favoritismo se trasladara a Rancagua había que excomulgar al plantel. No por terminar segundos, si O’Higgins era campeón, quemar a los jugadores en la plaza pública y echar a patadas a Luis Larraín, Juan Pablo Pareja y José María Buljubasich.

Las evaluaciones en un equipo serio van más allá. Son estudiadas, reflexionadas en el tiempo y sujetas a los resultados, el mismo criterio de cualquier empresa. Si la pelota pegó en palo y no entró o si O’Higgins no fue capaz con Universidad de Concepción da lo mismo, el fútbol es así. Lo que prevalece y marca la historia es que Católica ganó su undécima estrella. Larraín, Pareja y Buljubasich seguirán en evaluación, como cualquier presidente, gerente general y gerente deportivo, son las reglas del juego.

Es muy bueno que Católica haya sido campeón con un plantel mayoritariamente formado en casa y mejor aún que, en el tramo final de la campaña, sus oncenas titulares fuesen conformadas solo con jugadores chilenos. Este sábado, actuaron Lanaro y Jaime, pero en muchos partidos de la temporada los argentinos estuvieron en el banco. En el campeón del Clausura el 70% del plantel proviene de las divisiones inferiores y el 80% de los titulares eran chilenos. Un registro envidiable.

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Cuando los jugadores foráneos son un aporte, bienvenidos. Hay un montón que marca diferencias y suma. Pero lo de la UC demuestra que la aberrante norma de siete extranjeros, afortunadamente corregida a la baja, nunca garantizó nada salvo que saliera más barato traer a jugadores de poca monta que invertir en las divisiones inferiores. Vale el reconocimiento para equipos como Católica, Huachipato, Audax o Palestino que trabajan en serio en cadetes.

Además de la identidad única que genera un equipo con una raíz común hubo factores clave en la campaña: el rol de Nicolás Castillo, la consolidación de Jaime Carreño y Jeison Vargas, la efectividad de David Llanos, el aporte de José Pedro Fuenzalida, la mejora de Carlos Espinoza, el crecimiento de Diego Rojas, la regularidad del Chiqui Cordero y la consolidación de Magnasco, Kuscevic y Maripan. Lo de Toselli y su solidez no es novedad.

¿Hitos? Reponerse de la goleada en contra ante Colo Colo, ganarle a Antofagasta y lograr una secuencia de victorias hasta alcanzar la punta. Superar con claridad a la U en San Carlos de Apoquindo. Y, sobre todo, dar vuelta el partido frente a Audax Italiano. Pulgar arriba para Mario Salas cuya prometedora carrera requería de un título para dar un paso cualitativo como entrenador.

Ahora la UC tiene muchas tareas por delante: consolidar el plantel, reforzarlo, intentar extender el préstamo de Castillo, no ceder a la tentación de eventuales ofertas por Carreño y Vargas y aprender a jugar en canchas difíciles como Arica o Quillota. Ahí es donde se ven los equipos maduros. Si pretende ser competitivo en la Copa Sudamericana, ir por el bicampeonato y cumplir un papel destacado en la Libertadores 2017 tiene que crecer. Ahí deben apuntar los tiros. Por ahora, lo que cabe es disfrutar.

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