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La porfía de Beccacece

En diciembre quedó la escandalera en Universidad de Chile. Lo que debía ser un inicio de proceso de Sebastián Beccacece lleno de magia e ilusión, por el contagio del título logrado junto al cuerpo técnico de la Roja en la Copa América, terminó convertido en un enorme problema.

La historia es de fácil y rápido recuerdo. Horas antes del último partido de Martín Lasarte al mando de la U, el futuro técnico azul de entonces empezó a echar jugadores en el edificio de enfrente al hotel de concentración. Solamente Gonzalo Espinoza se animó y sacó el habla después de los sucesos. "Fue una falta de respeto a Martín", dijo el volante. 

¿Cuánto incidió la inoportunidad de Beccacece en el panorama que hoy vive? Todavía no se sabe. Lo concreto es que sus días en la U comenzaron en medio de un ambiente agitado y hosco. Fue por su propia precipitación.

Perfectamente, el DT podría haber esperado algunas horas para hacer todo lo que realizó entonces. Sobre todo considerando los niveles de desempeño mostrado por el equipo durante este semestre. El más cáustico hincha azul fácilmente se puede preguntar: "¿Era tan ingente hablar con los jugadores tan pronto para estos resultados futbolísticos?". 

Pasaron los meses y hoy da toda la impresión de que Beccacece está comenzando nuevamente en forma torcida la segunda etapa de su permanencia en la U. Según publicó El Mercurio, antes de salir de vacaciones, el DT tuvo un encontrón con el plantel por acortar el periodo de vacaciones a dos semanas. Originalmente iban a ser 21 días y el grupo rechazó la determinación. Entonces debieron intervenir desde Azul Azul para que la programación inicial no fuera alterada. 

Curiosa la situación por decir lo menos. Los dirigentes imponiendo sensatez en un asunto que debiera ser de dominio privativo del cuerpo técnico. A partir de la vivencia diaria con el grupo de jugadores y la percepción de su estado anímico, luego de un semestre paupérrimo en lo futbolístico y cargadísimo de tensiones. Tal como acontece en un equipo grande cuando los resultados son de discretos para abajo. 

En este caso, el episodio revela una conceptualización de Beccacece en torno a la preparación futbolística algo extraña, un poco fuera de tiesto. Más aún si consideramos que el DT trabajó toda su vida al lado de Jorge Sampaoli. Por lo tanto, conoció los estados de saturación emocional al que pueden llegar los planteles y seguramente también las formas eficaces de encontrar la salida en este asunto.

Hoy, los futbolistas de la U precisan largarse de vacaciones y olvidar el pésimo semestre desarrollado. Dar vuelta la página, hacer el click mental como si todo lo que pasó en la cancha efectivamente no hubiese ocurrido. Por sanidad anímica y con el objeto de encarar "fresquitos de cabeza" el colosal desafío que se viene. En el próximo torneo, la tensión será tremenda. No habrá excusas para otro desempeño tan pobre.

En la "desintoxicación psicológica" resulta indispensable contar con un tiempo razonable. En vista de la magnitud de los hechos vividos, incluso hasta tres semanas de descanso parecen pocas. Ya lo decía Marcelo Bielsa en una de sus charlas por las regiones de Chile: "Los jugadores se entrenan con consumo de energía y sin consumo de energía".

Así entonces, con su asueto los azules ya están iniciando la preparación para el próximo torneo. Sin embargo, la obsesión de Beccacece por centrar su vínculo con el plantel únicamente en la tarea otra vez le está resultando caro. No le costaba nada darle al grupo todo el mes de mayo de vacaciones. Muchas veces el entrenamiento más óptimo consiste llamativamente en no entrenar. Vaya paradoja.