Las siete vidas de Beccacece

Sebastián Baccacece llegó a la U con un crédito enorme. Con espaldas que hubiese querido cualquier entrenador que firma por un equipo grande. Tenía el aval de su campaña como ayudante técnico de Jorge Sampaoli en aquel inolvidable equipo que logró el tricampeonato a nivel local y ganó la Copa Sudamericana. También el respaldo de sus años en la Roja como pieza clave del staff del calvo entrenador.

Muchos consideramos que se trataba de un fichaje ideal, óptimo para un cuadro que necesitaba cambiar de aires. A los 35 años, Beccacece quería crecer, tener vuelo propio, creía que su ciclo en la selección estaba concluido. Pudo ir a Racing. Optó por la U, el equipo de sus amores, el equipo de sus hijos. Sus tiempos y ganas estaban en sincronía con los azules.

Beccacece ve bien el fútbol. Sabe. Trabaja como pocos. Doce horas diarias o más si es necesario. No hay jugador que haya pasado por la Roja que no diga que es un capo, un técnico confiable, conocedor de la actividad. El último fue Jaime Carreño que en la radio ADN le dedicó la florería completa. El problema es que trabajar en la selección es muy distinto a hacerlo en un club y, aún más diferente, ser entrenador de cabecera que ayudante técnico.

El ex brazo derecho de Sampaoli se equivocó de entrada. Maniobró estando Martín Lasarte en ejercicio, rompió los códigos, cortó jugadores con el torneo en marcha, prescindió de otros tantos y no calibró que el plantel se acortaba dramáticamente. Después tuvo que lidiar con actos de indisciplina y desafectó a más jugadores. En la cancha, el panorama fue desolador: la peor campaña de los últimos 25 años. Indefendible.

Los malos resultados fueron directamente proporcionales a la pérdida de confianza que apuntó Carlos Heller a la salida de la comisión de futbol del lunes cuando todos los caminos apuntaban a su partida del club. Por esas horas, el nombre de Ronald Fuentes cobraba fuerza en las cabezas de los responsables de Azul Azul. Becaccece estaba fuera.

Sin embargo, la negativa del técnico de Universidad de Concepción y la entrada en escena de Luis María Bonini le dieron vida al ex ayudante de Sampaoli cuando menos se esperaba. Bonini tiene todo lo que le falta al entrenador de la U: experiencia, manejo de camarín y ascendencia. En resumen, liderazgo. Esas habilidades blandas tan necesarias para todo entrenador. Porque está demostrado que no basta con saber de fútbol. La clave es ser capaz de transferir la idea. Como hizo magistralmente Sampaoli en la Roja.

¿Fue Beccacece el único responsable de la debacle azul? En absoluto. Los jugadores no pueden pasar colados. A mayor trabajo, menor fue su respuesta. Cómo olvidar que del relajo de la última etapa con Martín Lasarte pasaron a ser citados a primera hora al CDA para desayunar en grupo y entrenar día por medio en doble turno. Beccacece, además, los concentraba entre ambas prácticas, cuidaba su alimentación y sumaba horas en cancha para impregnar la idea. ¿El resultado? Un completo desastre. No me digan que la culpa recae solo en el entrenador.

Beccacece será confirmado la tarde de este miércoles por el directorio de Azul Azul y tendrá una nueva oportunidad para demostrar que su prometedor perfil sigue vigente. Después de equivocarse tupido y parejo la U le está dando una última chance para enmendar el rumbo y hacer jugar al equipo como los hinchas azules esperan. En Bonini tiene un gran aliado, la pieza necesaria para “seducir al camarín”. Pero los milagros no existen. En su aprendizaje está la llave del éxito.