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A la caza de Roger

Era cuestión de tiempo. Como lo fue para Roger Federer en 2009 cuando ganó su hasta ahora único Roland Garros. Porque para ser el mejor de todos, el suizo debía levantar la copa en Paris y completar los cuatro grandes. Aunque fuera en distintas temporadas. Este domingo le tocó el turno a Novak Djokovic quien con su esperado primer título en Bois de Bulogne enteró 12 majors y agrandó significativamente su historia.

Su tributo a Guga Kuerten, tendiéndose sobre el enorme corazón que dibujó con su raqueta tras vencer a Andy Murray, fue solo una muestra de lo relevante que era para Nole adjudicarse el título en la arcilla parisina. Es que unirse a Budge, Laver, Emerson, Agassi, Federer y Nadal en selecto club de los que ganaron Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open lo sitúa en otra dimensión. Es un paso gigantesco en su carrera.

En su tercer período como número uno del mundo, Djokovic cumplirá en julio dos años al tope de la clasificación. Un dominio absoluto, sin contrapeso, que se expresa en miles y miles de puntos de ventaja sobre el propio Murray en el ranking ATP. La tarea para Nole estaba hecha hace rato. Su deuda era levantar el trofeo en Paris. Y con consiguió con autoridad ante un rival peligrosísimo. Tanto que hace un par de semanas en la final de Roma le había pegado un baile en sets corridos.

Hoy cuando muchos se preguntan cuánto le queda a Federer en la elite del tenis mundial o si Nadal será capaz de dejar atrás a Sampras y obtener su decimoquinto Grand Slam también habría que empezar a plantearse si Djokovic está en condiciones de amenazar al suizo como líder de los torneos de la máxima categoría. Federer por primera vez en muchos años se bajó por lesión de los Masters 1000 y Roland Garros y dio una señal de fragilidad. A los 34 años su margen para competir al más alto nivel se va acortando y, probablemente, Wimbledon asome como el único major donde su opción de ser campeón se mantiene intacta. Federer es un superclase y por algo figura como el tercer mejor jugador del mundo pero su último grande lo ganó hace largos cuatro años. Un dato de la causa.

Si Federer con sus 17 Grand Slam acusa el desgaste, el caso de Nadal no le va zaga. El otrora invencible multicampeón de Roland Garros tuvo que ver nuevamente la final de Paris por televisión y aunque se mantiene como un jugador altamente competitivo dejó ser ese tenista invencible cuyo físico le permitía jugar pelotas inimaginables. Rafa, se convirtió en un jugador terrenal, con achaques físicos y atrapes sicológicos. Acaba de cumplir 30 años y tiene 14 majors, pero su por estilo de juego, predominantemente físico, su carrera, de seguro, será más corta que la de Federer.

En ese contexto, el reloj juega a favor de Djokovic. En el tour, los cuatro fantásticos (Federer, Nadal, Djokovic y Murray) más Wawrinka y, quizás, Nishikori seguirán siendo por un buen tiempo los principales aspirantes a ganar los majors. El punto es que Nole está un par de peldaños por encima de todos y sus muy bien llevados 29 años le permiten sacar ventaja a Federer y Nadal. La proyección no es difícil de hacer: si Nole tiene hoy 12 títulos y puede sostener este nivel por los próximos tres años, el record del suizo podría correr riesgo. A Sampras y Nadal, ambos con 14, los debiese alcanzar en el mediano plazo. Está por verse. El tenis tiene un nuevo gran estímulo. Bien por este hermoso deporte.