La lección de Bob Hayes

¿Qué pasaría si se enfrentaran en una carrera de 100 metros planos el legendario atleta estadounidense Bob Hayes con el superastro jamaiquino Usain Bolt? Sería una paliza de Bolt, quien le sacaría al menos cinco metros de ventaja al campeón olímpico de 1964 (9,58 contra 10,06).

¿Y si los cambiamos de carril? Bolt corre en la maltratada pista uno de la mojada ceniza de Tokio y Hayes sale del carril 4 del flexible material sintético marca Mondo de Berlín. Ah, se pone interesante, Bolt sería un par de décimas más lento y Hayes podría bajar los 9,90. Ya sería un metro y medio de diferencia ¿Y si le ponemos a Bolt las toscas zapatillas de lona que usaba Hayes? ¿Y si a Hayes le pasamos zapatillas ergonométricas, con diseño personalizado, que responde exactamente al peso y la forma de pisar del estadounidense? ¿Y si Hayes corriera respaldado por un ejército de entrenadores, el ministerio de deportes, varias marcas transnacionales, médicos, alimentación balanceada, complementos vitamínicos según ADN, con entrenamientos diseñados por científicos a la vez que ganara millones de dólares? ¿Y si Bolt llegara a la carrera como un esforzado estudiante universitario de Florida, que debe hacer de mesero para complementar su escuálida beca, que se debe trasladar en micro a las competencias, comiendo hamburguesas en las bombas de bencina, con la obligación, so pena de ser descalificado, de correr totalmente gratis?

Si intercambiaran sus pellejos ¿Se mantiene la paliza de Bolt? Seguro que no. Si Hayes hubiera nacido 1986 y Bolt en 1942 la historia sería exactamente al revés ¿Y si le pasamos el Mercedes AMG 2016 a Juan Manuel Fangio y a Lewis Hamilton lo ponemos en el Mercedes W196 1954 con dirección mecánica, caja manual de cuatro velocidades, frenos de tambor y neumáticos rudimentarios? ¿Quién gana? ¿Y Jordan Spieth le pasamos una bolsa de palos con driver de Madera y pelotas de balata o a Novak Djokovic una raqueta de madera con cabeza de alfiler?

Para entender la grandeza de un hombre en su época, hay que ponerse en sus zapatos y jamás medirlo con los parámetros de cuatro o cinco décadas más tarde. Esta larga introducción es por la artificial, y oportunista, polémica que se planteó a propósito de si Arturo Vidal supera a Elías Figueroa como el mejor jugador chileno de todos los tiempos.

¿Qué pasaría si Elías Figueroa jugara hoy? ¿Sería menos que Arturo Vidal? ¿Creen realmente eso? ¿Podría Vidal escaparse de su club y viajar 8.000 kilómetros pagando el pasaje de su bolsillo para jugar por Chile un partido eliminatorio? ¿Aguantaría jugar un Mundial casi sin partidos preparatorios, sin conocer a los rivales, con el mundo entero odiándote por razones políticas, prisioneros en un castillo, custodiados por comandos y aún así ser una figura deslumbrante? ¿Cómo lo haría con los arbitrajes de Ramón Barreto o Milton Lorenzo que te expulsaban por mirarlos, te anulaban goles absurdos y te cobraban penales en contra en cualquier momento? ¿Cómo respondería con buses apedreados, cafés envenenados, matones en los vestuarios? ¿Llegaría a entrenar con el país en estado de sitio y patrullas deteniendo los autos cada cuadra? ¿Se aguantaría los viajes en clase económica? ¿Las esperas de horas en la aduana porque su pasaporte dice Chile? En Italia no hubiera jugado porque en esa época cerraron las fronteras a los extranjeros, en Alemania no contrataban sudamericanos, en Inglaterra sólo actuaban jugadores de las islas, en España eran dos extranjeros por equipo. ¿Hubiera sido igual su carrera con todas estas restricciones? ¿Tendría los mismos números? No sabemos, no podemos saberlo.

Para entender la grandeza de Elías, esa que provocó la admiración y reconocimiento mundial, hay que situarse en su época y haber visto lo que realmente pasó. Esperemos que Vidal culmine su carrera, dejemos reposar la cabeza, que se apaguen los fuegos artificiales, y ahí recién hacemos la cuenta y discutimos el tema con un par de cafés. Meter la punta con los petardos en el aire es jugar para la galería y buscar aplauso fácil en las redes sociales. Sólo digo que Elías Figueroa jugara hoy, sería defensa central titular, capitán del Real Madrid y tendría a Sergio Ramos sentado en banca pidiendo la transferencia.