Penalcito

En esto, el fútbol, como en pocas o ninguna parte, todo se mira según el color de la camiseta. A ver, usemos todos el mismo cristal: Lio Messi desborda a Gonzalo Jara, con el marcador 0-0 en Buenos Aires y Chile jugándose la clasificación, y el defensa central de la U lo “pecha”, ensuciando la carrera de la Pulga, pero sin derribarlo. El árbitro, brasileño o peruano, cobra penal. No sé, pero lo mínimo que tendríamos sería una tragedia nacional con el eterno coro de la “señora FIFA no puede permitir que Argentina se quede fuera del Mundial”.

La falta cobrada anoche por Patricio Polic en San Carlos de Apoquindo está en el límite del límite. Roces como ése, donde se pone el cuerpo, pero no se alcanza a interrumpir del todo la carrera del rival, exigen demasiada interpretación, un calibrador de intensidad casi, para ver si es falta o no. Para los puristas, los talibanes que creen que el fútbol es jugar a la pinta, cualquier toquecito es falta. Basta con que “haya contacto” para que pidan el cobro. Y no es tan fácil.

En otras ligas, las con cien años de historia y mucho aprendido en el camino, se opta por darle continuidad al juego, no determinar el resultado por cualquier roce y poner una vara más o menos razonable para cobrar falta. No todo choque, pechazo o cuerpo en el camino es pitado. De hecho, casi no se cobra ninguno. No me imagino un penal así en un clásico entre Liverpool y Everton o entre Juventus y AC Milan. Cuelgan al árbitro.

La verdad es que Jara puso el pecho y Fuenzalida como que se desestabilizó. Pero no tanto. ¿Qué hacemos?. Si eres de Católica, penal; si eres de la U, dónde la viste. Yo no lo cobro, pero hablar es gratis.