FÓRMULA 1 | GP DE ESTADOS UNIDOS

Hamilton temió constantemente por su triunfo: "Iba petrificado"

"Me preocupaba que el coche no llegara. Estaba obsesionado por lo que sucedió en Malasia, temía que volviera a ocurrir", cuenta Lewis.

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Hamilton temió constantemente por su triunfo: "Iba petrificado".
ADREES LATIF REUTERS

A simple vista se vio una carrera plácida para Hamilton. Salió bien desde la pole, esta vez sin problemas con el embrague, se construyó una ventaja suficientemente grande para andar cómodo, paró cuando tenía que hacerlo y no tuvo problemas de tráfico ni errores de bulto en su conducción. Todo rodado sí, pero Lewis estuvo lejos de pilotar tranquilo en Austin. Una pesadilla no paraba de rondarle por la cabeza: Malasia. Allí se quedó sin nada cuando lo tenía todo y temía constantemente que acabara de la misma forma en Texas.

"Durante toda la carrera, me preocupaba que el coche no llegara", contó el británico tras la carrera todavía sin quitarse el susto de encima. Cualquier ruido, cualquier comportamiento extraño del coche por pequeño que fuera, le hacía ver ante sí el fantasma malayo que le puede haber costado el Mundial: "Justo hasta la línea de meta tenía miedo de la misma cosa, tenía la misma sensación que tuve y oía el mismo sonido que oí en Malasia. Por tanto, estaba agradecido de que el coche cruzara la meta".

"Cada vuelta pensaba que algo podría suceder. Cuando llegué a la recta de atrás estaba petrificado. Estaba obsesionado por lo que sucedió en Malasia y temiendo que volviera a ocurrir, por lo que estoy muy agradecido de que no pasara. No fue hasta que terminé cuando estuve como… '¡gracias!'. Estaba tan feliz, acariciando el cockpit del coche y diciéndole 'gracias por traerme aquí", decía un Hamilton completamente aliviado por asegurarse los 25 puntos, a pesar de que quizá no tenía motivos para preocuparse aunque el sintiera que sí.

Toto Wolff, que aclaró que sus pilotos no corrieron con la última especificación del motor Mercedes, no señaló ningún comportamiento anómalo, pero comprende que Malasia les persiga hasta en los sueños: "Nunca es un camino de rosas. El motor fue tan bien como debería. Entiendo que el problema de Malasia salió de la nada y se mueve entre nosotros. Ese pequeño trauma permanecerá por un tiempo". Por eso, Hamilton seguirá susurrando y acariciando a su Mercedes para que no le falle. Es lo único que puede apartarle de la lucha.