La rivalidad perfecta

La rivalidad perfecta

Los astros lograron alinearse de una forma precisa, en uno de esos eventos que tienen escasa probabilidad de ocurrir, para que los fanáticos del tenis tuvieran la final que siempre soñaron... volver a ver. Porque las 21 definiciones de torneo previas entre Roger Federer y Rafael Nadal fueron brillantes, vibrantes, peleadas y recordadas. Pero esta, la del Abierto de Australia 2017, no solo viene a ratificar lo que todos sabemos, que ambos son leyendas vivientes, si no que además son definitivamente los protagonistas de la más grande rivalidad del tenis de todos los tiempos. Y, de paso, una de las más grandes de la historia de todos los deportes.

Alguna vez le preguntaron a Fernando González si habría logrado más títulos y mejor ranking si no coincidía con Federer y Nadal. Y respondió: "Si no hubiese competido contra ellos, jamás habría llegado a jugar el tenis que jugué". Roger y Rafa tienen eso: nivelan para arriba. ¿O cómo se explica que Nadal, un tipo tremendamente competitivo, estuviera bromeando en la premiación del domingo en Melbourne? "Me gusta este plato (el trofeo al finalista), ya tengo tres, pero me gusta más ese trofeo que tiene Roger". Y el suizo, por su parte, dijo emocionado: "Sé que no puede existir un empate, pero si lo hubiese, gustoso compartiría mi premio con Rafa".

Federer llegó a los 18 títulos de Grand Slam, el máximo de todos los tiempos y lejos de los 14 que ostentan Pete Sampras y Rafa Nadal. Lo logró cuando muchos ya pensaban que no lo conseguiría, a los 35 años y después de una para de seis meses. De hecho, él mismo confesó que no tenía fe de que podría llegar a tiempo a Australia. Y no lo hizo porque el cuadro se le abriera o porque sus rivales no se presentaran. Lo corroboró en la cancha, con ese talento que permite que quienes lo ven jugar y nunca han tomado una raqueta crean que el tenis es un deporte muy simple.

La clave de Roger fue nunca dejar de luchar por conseguirlo. Porque un tipo que tiene asegurado el futuro de sus bisnietos posee otras motivaciones para seguir en el agotador mundo del tenis y no rendirse tras las caídas contra Djokovic, Murray y el propio Nadal en su afán por el esquivo título del major. Y Nadal, otro que podría jubilarse tranquilamente e irse a la isla de Menorca, sigue luchando contra las lesiones para estar ahí. "He comprobado que este año estoy para pelear por cosas importantes", dijo el zurdo. Enhorabuena, porque él también sigue para engrandecer su historia. Roland Garros lo espera por su 15° trofeo en un Grand Slam, ahora sí nuevamente como candidato. Y como le dijo Federer al cuerpo técnico del español: "Cuídenlo, porque lo necesitamos por mucho tiempo más en este circuito".

Esa circunstancia, la larga para de ambos el año pasado, hacía dudar de que pudieran volver al máximo nivel. Corroboraron su vigencia y demostraron, para deleite de los hinchas del tenis, que la calidad nunca pasa de moda.

Pero más allá de ser tenistas extraordinarios, hay algo más que engrandece a este par. Y para ello, robo las palabras de un amigo que también escribe columnas: "Roger y Rafa demuestran que se puede ser exitoso en lo que uno hace sin dejar de ser buena persona".

También por eso son grandes, inmortales, legendarios y protagonistas de una rivalidad inigualable y, afortunadamente, vigente.

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