El experimento de Guede

El experimento de Guede

A Pablo Guede le costó un mundo dar con la fórmula adecuada para encontrar un funcionamiento correcto de Colo Colo. El DT inició con un sistema de juego 1-4-3-1-2, presión permanente en territorio contrario y salir jugando desde atrás a todo evento. Los resultados desfavorables, en gran parte del torneo pasado, lo obligaron a modificar la carta de navegación durante el mismo campeonato.

Luego de hartas críticas negativas, e incluso de comentarios que cuestionaban su permanencia en la banca del Cacique, el argentino dio con la solución. Ocurrió en el momento justo, cuando la atmósfera se tornaba densa en el Monumental.

Esquema posicional 1-3-4-1-2. Reagrupamiento defensivo desde el círculo central hacia atrás para achicar espacios e intentar recuperar el balón. En momentos puntuales, defensa organizada con línea de cinco más el apoyo por delante de dos volantes de contención.

En ataque y construcción: elaborar solo desde la línea defensiva si el peligro no es real, abrir la cancha por la presencia de los carrileros y llegar a conformar un bloque ofensivo de cuatro componentes por la subida permanente de estos últimos (sistema 1-3-2-1-4 en plena fase ofensiva).

Los anteriores son algunos de los elementos conceptuales en el plano táctico, tanto ofensivos como defensivos, que le permitieron a Guede encontrar la salida.

Sin embargo, el técnico de los albos optó por la innovación para enfrentar a Iquique, uno de los mejores equipos nacionales desde mediados del año pasado. Varias ausencias por lesiones, al parecer, lo llevaron a recorrer este camino. Sin embargo, fue muy negativa la pasada del Cacique por la capital de la Primera Región. No por el resultado (caída por 3-2), sino que esencialmente debido a la gran brecha de desempeño exhibida.

¿Qué hizo Guede? Primero, a Iván Morales (delantero centro, con capacidad de gol y harta fuerza de arranque para llevarse consigo a algún defensor) lo alienó de carrilero derecho. Abierto bien al costado, el juvenil intervino muy poco en el juego y solo adquirió protagonismo en la apertura de la cuenta (su tiro al arco fue desviado por el zaguero Hernán López, se transformó en un centro, que en el segundo palo Octavio Rivero transformó en gol).

En todo caso, lo complejo con el Sub 20 estuvo relacionado con su labor defensiva. Como es un '9' neto, no posee gestos vinculados con la recuperación del balón. Entonces, Diego Torres, uno de los mejores del partido, jugó a plena voluntad en la zona que iba entre el propio Morales y Gonzalo Fierro, el zaguero derecho.

El zurdo nortino jamás tuvo oposición alguna e hizo lo que quiso. Sobre todo en el complemento, cuando la falta de retroceso del juvenil provocó que Colo Colo actuara solo con un carrilero (Gabriel Suazo), atentando contra la necesaria simetría que precisa todo proceso defensivo.

No obstante, lo que generó más ruido fue la innovación presentada en ataque. No hubo un '10' o volante ofensivo, hasta que incluyó en el segundo tiempo a Ramón Fernández. Guede se la jugó por tres delanteros (Rivero, Andrés Vilches y Esteban Paredes), con la obligación de uno de ellos de retroceder (principalmente Paredes) para generar el vínculo con las otras dos líneas.

Curioso esto. Cuando se implementa un trío ofensivo, se trata esencialmente de dos hombres bien abiertos y uno centralizado para darle amplitud al ataque. Incluso si hay presencia de carrileros (como en Colo Colo), pues así se generarían las mentadas parejas de ataques por los costados.

Da la sensación de que Guede percibió que el equipo estaba para dar un paso más en su evolución táctica y se atrevió a experimentar en el norte. La jerarquía del oponente tal vez lo hacía desaconsejable, cosa que finalmente ocurrió, perdiendo así el cuadro popular el liderato del Clausura.

El próximo rival será la U en el Superclásico. Con la exposición brutal que garantiza un evento de este tipo  y la imperante necesidad de volver a la punta del campeonato, ¿se atreverá el DT albo a insistir en su experimento?     

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