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La deuda del Milo

La deuda del Milo

Tengo la misma edad que Milovan Mirosevic. Conozco gente que estuvo en las divisiones menores de Universidad Católica y todos hablaban maravillas del chico de apellido balcánico. Decían que sería el recambio de Iván Zamorano y Marcelo Salas, justo en el momento que Chile clasificaba a un Mundial, Francia 1998, después de 16 años de ausencia.

El 'Milo' pertenecía a una nueva generación. Una que nació en dictadura y que vivió la adolescencia en la errática y creciente democracia. Todo parecía encaminado para que Mirosevic fuera el líder del nuevo fútbol chileno. Pero algo le pasó.

"Fui forjando mi carácter con el tiempo. No me considero un jugador especialmente fuerte de cabeza", dijo Mirosevic en la radio ADN poco después de anunciar su retiro. Ahí podría estar la razón por la que no llegó donde todos pensábamos que podía llegar.

No se trata de apuntar al 'Milo'. Tuvo una gran carrera y los números lo avalan. Es uno de los jugadores más importantes de la historia de Universidad Católica, en un sitial junto con José Manuel Moreno, Fernando Riera, Tito Fouillioux, Ignacio Prieto, Jorge Aravena, Osvaldo Arica Hurtado y Mario Lepe, por citar a algunas de las glorias que escribieron la historia de la UC. De verdad siento que el Milo estaba para algo más en el fútbol chileno.

Vivió una etapa dura de la Roja, la traumática transición post Zamorano-Salas. Y eso lo marcó. Nunca pudo imponerse como el referente que el medio esperaba. Su calidad y trayectoria en las selecciones menores permitía ilusionarse.

Juvenal Olmos confió en él, pero fue el único. Nelson Acosta no lo tuvo entre sus regalones y Marcelo Bielsa sólo lo citó una vez, pese a que era la figura de la UC, entre el 2008 y el 2009. Claudio Borghi lo trajo de regreso, pero solo por la contingencia del 'Bautizazo'. Esa fue su última nominación a la Roja.

El 'Milo' se retira como una de las glorias de Universidad Católica y lo tiene bien ganado, pero al igual que otros de su generación como Nicolás Córdova, Claudio Maldonado y Jaime Valdés, queda la sensación de que les faltó algo. De que el fútbol les deparaba algo más grande y que no pudieron. O no quisieron. Que estaban para grandes cosas, pero quedaron en deuda.

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