El laberinto de Mario Salas

El laberinto de Mario Salas

Universidad Católica cayó ante Huachipato y quedó al margen de la Copa Chile. No hubo caso. En el Estadio CAP, los cruzados prolongaron el déficit en su funcionamiento futbolístico y solo pudieron llegar hasta la etapa de octavos de final del torneo.

"La Católica no está haciendo las cosas bien futbolísticamente. Eso es indudable. Este tipo de situaciones es un desafío grande y quiero vivirlo hasta el final, porque sé que tengo la capacidad para darlo vuelta", dijo Mario Salas luego de la eliminación. El DT optó por el enfoque positivo, visualizando la contingencia como una oportunidad de crecimiento profesional. 

Probablemente, esta misma perspectiva lo animó a modificar el sistema de juego por segunda vez en su ciclo en la UC. Antes lo había hecho a comienzos de año, cuando los signos de "más de lo mismo" eran inevitables. Pero el asunto no prosperó. Tras algunas fechas en el inicio del Clausura, Salas dejó el 3-5-2 y volvió al esquema táctico 4-2-3-1, el sello que lo ha distinguido en su carrera.

El nuevo ordenamiento posicional resta un hombre de los costados. La labor de Amplitud (abrir la cancha) queda circunscrita únicamente a cada carrilero (Stefano Magnasco y Fernando Cordero ante los acereros). Desaparecen los extremos y los laterales, inicialmente, se transforman en volantes bien abiertos a la altura de los mediocampistas centrales, con la obligación de un ir y venir permanente (de acuerdo al desarrollo del juego, actúan de marcadores de punta, volantes o punteros).

Disminuir de dos a uno los hombres instalados en las franjas puede resultar un asunto clave en cuadro que conduce Salas para corregir el rumbo. La UC hizo de las dobladas por los costados un elemento eje de su accionar ofensivo. Los rivales detectaron esto y se organizaron defensivamente para controlar la situación. El DT insistió en el recurso táctico y vino entonces la temida predecibilidad.

Eso en relación al juego exterior, pero el cambio de esquema puede tener también un impacto en las acciones por el eje de la cancha. Se mantienen los dos mediocampistas centrales y el enlace. En esto no hay novedad. La gran variante radica en la emergencia ahora de una dupla de ataque (ante Huachipato solo jugó Vallejos, con Buonanotte de mediapunta, pero fue algo puramente coyuntural).

Lo anterior puede ser una buena noticia para el Tanque Silva. El tipo suma títulos y campañas muy buenas en el caníbal fútbol argentino. Sin embargo, acá no ha rendido. Tal vez, en un contexto táctico similar al de sus anteriores éxitos (actuando de '9', junto a un delantero periférico, con la asistencia de un '10' desde atrás y las llegadas alternadas de un hombre proyectado por la punta) pueda repetir algo de lo que hacía en canchas trasandinas.

Abandonado por varios lustros, debido a las maravillas del 4-3-3 del Barcelona, el sistema que procura implementar Salas vive un importante resurgimiento en el fútbol del primer mundo. Con matices, por cierto, Juventus les ganó a todos en Italia y a casi todos en Europa con este esquema. Chelsea obtuvo la Premier League bajo este módulo. Guardiola en el Manchester City y Wenger en el Arsenal intentan implementarlo como diagrama táctico madre.

Entonces, la apuesta de Salas en la UC no se perfila como un recurso desesperado. Más bien emerge con una opción plausible y pertinente para encontrar la salida en el laberinto futbolístico por el que parecen deambular el DT y la escuadra cruzada. Insistir en la fórmula y no claudicar en el intento, eso sí, resultarán clave para saber si el cambio de propuesta táctica era el adecuado.

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