Un clásico porteño de culto

Un clásico porteño de culto

Santiago Wanderers y Everton protagonizaron uno de los mejores partidos del torneo. Por lo menos el mejor de todos los que he podido ver, que no son todos. Y quizás, uno de los mejores clásicos porteños de la historia.

El duelo de los cuadros de la Quinta Región tiene una de las rivalidades más potentes que existe en nuestro medio, a pesar de que deben ser los archirrivales que más jugadores han compartido en toda la historia. Tal vez un peldaño menos que la de Colo Colo y la U. Y uno sobre la de las universidades.

La espectacularidad no está dada solo en un marcador 3-3 que suena atractivo a priori, si no que por mucho más. Por el inicio demoledor de los porteños, por la capacidad de reacción de los viñamarinos y, muy especialmente, porque ambos pudieron ganarlo en los descuentos. Jamás renunciaron al triunfo y extremaron recursos a límites sobrehumanos.

Seamos precisos. Fue un partido más espectacular que bueno. Lo cual implica que los buenos partidos no siempre son espectaculares. Sin tantos errores no hubiese habido seis goles, que bien pudieron ser más.

Verdes y auriazules brindaron un espectáculo vibrante para sus seguidores y notabilísimo para el público neutral, que finalmente era imposible que no terminara involucrado.

"Son partidos que habitualmente no vemos en Chile", dijo Nicolás Córdova. Por intensidad, pasión y espectacularidad. Ya es tiempo de que vayamos teniendo muchos más duelos como el del domingo al mediodía en Playa Ancha que, seguramente, será recordado por muchos años más.

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