Murillo: "Me vendieron al Udinese sin que yo lo supiera"

VALENCIA

Murillo: "Me vendieron al Udinese sin que yo lo supiera"

Jeison Murillo.

DAVID GONZALEZ

El central del Valencia repasó con AS como ha sido su carrera desde sus inicios hasta llegar al buen momento por el que atraviesa ahora en Mestalla.

¿Por qué futbolista?

Mi familia es futbolera y humilde. Somos cinco hombres en casa, todos jugábamos bien. Futbolistas somos dos, mi hermano Junior Murillo juega en el Orsomarso, de la segunda colombiana. Los otros dos no tuvieron la misma suerte, aunque jugaban muy bien.

Ha matizado lo de familia humilde, ¿de niño veía el fútbol como una vía de prosperidad?

Lo veía como un sueño y también una oportunidad para salir adelante y ayudar a la familia. Gracias a Dios se dio.

¿Le pesaba? Me explico, ¿era una presión saber que su porvenir dependía de sus entrenamientos, de los partidos?

Hacer lo que te gusta y que te paguen por ello es algo que valoramos mucho. Ser futbolista en Sudamérica te diría que es, posiblemente, lo maximo. Es pasión. Claro que pesa, cuando era niño me levantaba para ir a entrenar y sabía que peleaba por un sueño y también por el futuro de mi familia.

¿Tuvo dificultades?

Las habituales que tienen muchas familias. Lo peor eran los transportes para ir a entrenar o jugar. Era complicado. El esfuerzo de mis padres siempre lo tengo presente. Sin su sacrificio, y el de mis hermanos, no estaría aquí.

¿Por eso les llama siempre antes de los partidos?

Antes y después. Sí. Necesito su bendición. La de mis padres y la de mi esposa.

¿Quién, aparte de su familia, le influyó en su formación?

Empecé en la escuela Andrés Sanín, un equipo satélite del Deportivo Cali. Tenía unos 7 años. Allí trabajé con el profesor Prudencio Viveros. A los pocos meses pasé a entrenar con José Américo Orbes, que tristemente ya falleció. Él fue uno de los mejores formadores de niños en Colombia. Basaba su método en crecer primero como ser humano y después como futbolista.

¿Siempre fue defensa?

Empecé jugando de portero, aunque pronto me ubicaron. Vieron que tenía virtudes de guerrero, de ser intento, fuerte, impulsivo… y me colocaron de central. Ahí sigo.

¿Sus referentes?

De niño no veía el fútbol europeo, mis referentes eran locales: Yepes, Perea, Córdoba.

Usted nunca llegó a jugar en la Primera de Colombia.

No, nunca. Yo fui al Mundial Sub’17 de Nigeria formando parte del Sub’18 de Cali. Apenas terminó el torneo, me vendieron al Udinese y empecé mi aventura por Europa.

¿Dudó en ir a Italia?

Pues no pude pensármelo, la verdad. Recibí una llamada de que había sido vendido y que me iba a Italia. Así, de un día para otro. Recuerdo que cuando llegué a mi casa mi madre estaba llorando. Yo iba a decírselo y ya se lo habían dicho a ella. No me lo creía.

¿No sabía nada?

Nada de nada. Yo me fui a Nigeria y cuando volví me habían cambiado la vida. No tenía ni idea de que estaban negociando con Udinese. Pero claro, el sueño de cualquier niño sudamericano es jugar en Europa.

¿Uno está preparado para ese momento?

Más o menos. En Colombia, en general en Sudamérica, cuando vas creciendo en la formación como futbolista, tienes claro que tu sueño pasa por Europa. Aun así es duro. Yo tenía 18 años y me iba a un país desconocido, solo... pero es lo que había que hacer. Además la tecnología ayuda a estar cerca de casa.

En Udine apenas estuvo.

Fui solo a hacer las pruebas médicas y de allí, casi directo, a Granada. Me vino bien, por el idioma, la verdad, y por conseguir la nacionalidad.

¿Le viene mejor el fútbol español que el italiano?

El fútbol italiano me ha ayudado mucho tácticamente. Italia le marca a un defensa por esa exigencia táctica. Aquí en España hay más espacios, más uno contra uno, y me ayuda mis características.

¿Por qué eligió el Valencia?

La intención era salir del Inter. Cuando no te encuentras bien un lugar, hay que buscar nuevos horizontes. Había diferentes opciones y cuando apareció el Valencia, dudé poco.

¿Por?

Porque sabía lo que era el Valencia, me explicaron su proyecto, sus intenciones… tras la primera charla, dudé un segundo en tomar la decisión.

Pero el Valencia que le llamó en verano no iba segundo como van ahora.

No sé si son cosas del destino, pero durante los años que jugué en España, el Valencia me atraía. Me parecía un club excelente y con una afición linda. A los sudamericanos, la pasión de Mestalla nos recuerda a casa. Todo eso fue lo que recordé cuando me dijeron que el Valencia me quería.

¿Qué proyecto le contaron?

El que están viendo todos ustedes, el que estamos siendo, un Valencia ambicioso y trabajador. Tenía la confianza del técnico, que me llamó y me lo explicó. Entendí que era la mejor opción para empezar de cero con mi familia. Valencia es una ciudad que acoge muy bien al futbolista y a su familia.

Ya tiene hasta una hija valenciana.

(Ríe) Así es, aunque ayer (la entrevista se hizo el miércoles) la nacionalicé también colombiana. Pero qué duda cabe que Valencia, ya por mi hija, siempre va a estar en mi corazón.

¿En qué le ha ayudado recalar en el Valencia?

Aquí llegué con la ventaja de haber jugado ya en España. Conocía la Liga. Al margen de eso, me está ayudando muchísimo la mentalidad del equipo. Es un Valencia ganador. Entrena cada día para serlo. El míster nos ha inculcado compromiso y trabajo. Es un gran entrenador.

¿Qué le ha dado Marcelino?

Confianza. Me la da el entrenador, el club y la gente. La pasión de la afición te hace luchar por este escudo cada partido, cada día.

¿Se sienten invencibles?

No. Los buenos resultados los estamos obteniendo por el trabajo diario. Sin ese trabajo, somos vulnerables. Cuando ganas y ganas, cuando tienes una racha como ésta, la euforia es máxima. Pero aquí todos somos profesionales con su pasado y sabemos los altibajos que tiene el fútbol.

¿A qué se refiere con lo del pasado?

En el fútbol muchas veces estás arriba y otras muy abajo. Prácticamente todos los que formamos el vestuario venimos de momentos débiles, los que estaban ya en el Valencia y también los que venimos de jugar menos en otros clubes. Sin embargo, ahora estamos todos como en una nube. Por eso, porque sabemos lo mucho que nos queda, tenemos que tener los pies en la tierra. Queda mucho por competir.

¿Cuál es el secreto?

El trabajo. No hay otro. Eso y que somos una familia. El respeto entre nosotros es máximo. Trabajamos todos con un solo objetivo, por eso da igual juegue el que juegue.

Precisamente usted, como también Gabriel y Garay, sabe de qué habla al decir lo de que “juegue el que juegue”.

Uno siempre quiere jugar, pero el míster toma decisiones por el bien del equipo. No es fácil ser entrenador y nosotros tenemos que acatar sus decisiones. Hay que apoyar siempre al entrenador.

El Valencia solo ha encajado tres goles con Murillo.

Es un buen dato (ríe). Yo nunca me conformo. Quiero volver a ser el que era y en el Valencia lo estoy siendo. Pero no hay virtud individual sin antes el premio del colectivo.

¿Espera que el colectivo le ayude a estar en el Mundial?

Mentiría si niego que fiché por el Valencia para eso, para volver a ser el que era.

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