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La desgracia de Cueva

Ver la catástrofe de Perú contra Dinamarca trasladó nuestras memorias en un viaje de 36 años. No al Riazor de La Coruña, la última vez que Perú estuvo en una Copa del Mundo y perdió 5-1 contra Polonia. Si no que a otro estadio del norte de España, el Carlos Tartiere de Oviedo. El 17 de junio de 1982, Chile debutaba en el Mundial de España contra Austria. Perdió 1-0 después de desperdiciar un penal y luchar contra un muro infranqueable de un equipo europeo que no era uno de los favoritos de siempre.

Aquella vez fue Carlos Caszely quien desvió el penal que pudo cambiar una historia que fue escrita por Walter Schachner, verdugo del Gato Osbén a los 22 minutos. Chile atacó, atacó y no pudo. Muy parecido a lo del sábado. En el mismo orden: Christian Cueva, el gol de Poulsen y al pundonor de los del Rímac, que golpearon y golpearon mas no pudieron derribar el muro danés.

La memoria aporta imágenes y sensaciones cuando los datos son difusos. Recuerdo que era un día de semana, sala de sexto básico en una modesta escuela pública a cuatro cuadras del Estadio Nacional. Araya, de quien no recuerdo el nombre, llevó un televisor IRT de 14 pulgadas en blanco y negro. La tele sobre una silla y esta sobre la mesa de la señorita Rosa. La imagen con "lluvia" hizo que todos gritáramos como gol el penal de Caszely. Cinco minutos después nos vinimos a dar cuenta que lo había desviado. Luego vino la rabia y la impotencia. Chile, el equipo que los medios locales de la época daban como candidato al título. Era un equipazo, invicto en la eliminatoria y nuestra esperanza para llegar a ser alguien en el mundo del fútbol. En nuestra mente todo era incomprensible e injusto. La Roja merecía algo más. Pero aunque el partido hubiese durado 360 minutos, la pelota no iba a entrar.

Los peruanos deben haber sentido exactamente la misma bronca tras la caída ante Dinamarca.

Pese a que no eran tiempos de memes ni redes sociales, Caszely sufrió con el tema. La tremenda idolatría no le ayudó. La pasó mal y, con el paso de los años, optó por reírse de sí mismo. Incluso, participó de una parodia que no tuvo mucha gracia con Friedrich Koncilia, el portero austríaco con nombre de filósofo que estuvo en aquel partido. Lo hicieron 25 años después, cuando el Chino era comentarista de TV en el inicio de la Era Bielsa, el 2007 en Viena. Con el tiempo he llegado a pensar que el rey del metro cuadrado se siente extraño cuando no le recuerdan el penal.

Christian Cueva, el antihéroe del sábado, ya cargaba con una desgracia similar. Hace dos años, en los cuartos de final de la Copa América Centenario, falló en la definición desde los 12 pasos contra Colombia. Aquella vez elevó cargado hacia su derecha; en esta fue cruzado.

El penal del sábado era el de la revancha del ex volante de Unión Española. Era el antídoto para quitarse la bronca acumulada. Era cerrar definitivamente el duelo vivido y sufrido. Lamentablemente, el destino quiso otra cosa.

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