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Penales, una lotería en el cerebro

En el fútbol hay muchas frases representativas para justificar los penales desperdiciados, como “los penales son una lotería”, “es cuestión de suerte” y otras más. Son un mecanismo de defensa por algo que no pudo concretarse. Desde el coaching se puede establecer que son respuestas tranquilizadoras o reactivas, porque solo tranquilizan y no movilizan. A diferencia de las generativas, que sí generan una acción para resolver el problema.

¿Que sucede exactamente en la cabeza de un jugador al momento de perder un penal? ¿Por qué una situación técnica que se ha ejecutado con éxito muchas veces se yerra en otras?

Las neurociencias nos han dado luces de lo que puede estar pasando en el cerebro de un deportista, que es el lugar en donde está la respuesta.

Al interior del cerebro está el cerebelo que, dada la gran cantidad de neuronas que posee, se le llama también el “cerebro pequeño”. Una de las funciones que tiene es guardar información que los futbolistas utilizan en distintos momentos de un partido (“toma de decisiones”), entre las que está, por ejemplo, la ejecución de un penal. El cerebro baja la información cuando el jugador necesita realizar una acción, por tanto si allí se aloja información negativa (por experiencias anteriores acumuladas), existe una mayor probabilidad de equivocarse. De hecho, el ser humano es efectivamente el único ser vivo que puede tropezar dos veces con la misma piedra, por culpa del cerebelo.

Las neurociencias tienen otra explicación para el penal errado. Ya que con los años se ha podido establecer que cuando un jugador aprende un gesto técnico, debe consolidarlo en el área ventral del cerebro. Cuando esto ocurre, y el gesto técnico ya está automatizado, existe otra zona del cerebro, la corriente dorsal, que se encarga de que el movimiento aprendido se ejecute eficazmente. Se ha observado que frente a situaciones de alta presión y ansiedad, vuelve a activarse el área ventral, aún cuando el gesto esté bien aprendido. Por eso se entendería que al patear un penal un jugador vuelva a sentir desconfianza y perciba que esa ejecución específica, en un contexto aversivo, no la pueda ejecutar eficazmente. Y se equivoque.

Esta explicación neurocientífica no hace más que ratificar la necesidad de trabajar con la mente de los futbolistas, ya que está demostrado que la mente (emociones, pensamientos) influye poderosamente en el cerebro, que es el órgano encargado de posibilitar una correcta ejecución en el deporte.

El trabajo psicológico irá cobrando cada vez mayor fuerza en el fútbol, porque no se circunscribe solo a los aspectos motivacionales sino que además a cómo manejar eficazmente los cambios a los que se ve expuesto el cerebro en una alta competencia deportiva. Como, por ejemplo, un Mundial de fútbol.

Rodrigo A. Cauas E.
Psicólogo Deportivo
EMD Psicología & Coaching Deportivo

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