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Olvídense de Brasil 70

Nos pasa a varios: arranca el Mundial y todos nos ilusionamos con ver al gran equipo que nos deslumbrará durante un mes. Soñamos con ver a ese seleccionado que les pasará a todos por arriba, que nos sorprenderá y emocionará, que entrará a la historia y recordaremos por siempre.

Porque claro, uno pensaba en la Francia de Mbappé, Griezmann, Pogba, Lemar, Tolisso y Dembélé; en la Bélgica de Hazard, Lukaku, Mertens, De Bruyne, Carrasco y Bathsuayi; o en el Brasil de Philippe Coutinho, Gabriel Jesus, Neymar y Willian. Y seguía creyendo que alguno de esos equipos la iba a romper. Hasta a la Argentina de Messi uno le ponía algunas fichas.

Pero terminados 56 de los 64 partidos que comprende la Copa del Mundo, vale decir, habiéndose disputado casi el 90 por ciento del Mundial, ese equipo no aparece y lo más probable es que ya no aparecerá.

Y no aparecerá por la sencilla razón de que esos equipos ya no existen, no al menos a nivel de selecciones. ¿Y cómo Alemania el 2014?, dirá alguno. A ver si la lluvia que cae por estas horas nos refresca un poco la memoria. Es verdad, los germanos le metieron siete goles a Brasil en semifinales, en la que probablemente sea la actuación más impresionante vista en un Mundial, por la paridad de fuerzas que se suponía que había entre ambos elencos. Pero antes de eso la Mannschaft había empatado con Ghana, le había ganado con muchos problemas a Estados Unidos y tuvo serios inconvenientes contra Argelia en octavos, que con un poco más de atrevimiento le debió ganar. Alemania venció con lo justo a Francia y la final contra Argentina pudo perfectamente perderla, sobre todo si Higuaín no se hubiera perdido ese gol imperdible en el primer tiempo. Los teutones fueron justos campeones, fueron el mejor equipo, sin duda, pero jugaron brillantemente sólo dos de sus siete partidos (el citado contra Brasil y el del debut, contra Portugal, que ganaron 4-0).

Si miramos más atrás nos encontramos con que España partió perdiendo contra Suiza y le ganó con mucha ayuda del árbitro a Paraguay en cuartos de final el 2010. Y que a Italia no le sobró nada el 2006. ¿Cuándo vimos por última vez un campeón del mundo realmente impresionante? Alemania del 90 y Brasil del 94 y 2002 probablemente hayan sido los dos últimos equipos que se sabía de antemano que ganarían la copa y lo hicieron marcando una diferencia clara con sus rivales, pero igual se enredaron y sufrieron en algún partido. Seguramente el último monarca de otro planeta, el último equipo demoledor y que no sólo parecía invencible sino que demostró serlo fue Brasil del 70, pero eso fue hace casi 50 años.

Hoy es todo más difícil. Los seleccionados no tienen el tiempo que poseen los clubes para construir esquemas de juego aceitados. Los mejores equipos están llenos de superestrellas que a veces están más preocupados de dónde jugarán la próxima temporada que de hacerlo bien en el Mundial. Otras veces no respetan al técnico, a lo que se suma que todos los rivales son difíciles y que los partidos se definen por un par de jugadas, por lo que es casi imposible que un equipo avance metiéndole cuatro o cinco goles a todos sus rivales. Además, hacer que un equipo –por más figuras que tenga- alcance su peak de rendimiento justo en un Mundial es doblemente difícil, porque cada jugador viene de un club en el cual se trabaja para que esa cima la alcance cuando está jugando para ellos, no para su selección.

Y por eso es que nos impacta más cuando vemos a Croacia ganarle 3-0 a Argentina y creemos que hemos encontrado al gran equipo, pero si se analiza fríamente, no era tan así. Ese partido lo define una error grosero del arquero argentino y un acierto individual de Luka Modric que no obedeció a una elaboración colectiva. Antes de eso había sido todo muy equilibrado y el partido parecía ir derecho a un empate.

Aparte, la historia demuestra –y no sólo en el fútbol- que no siempre es tan conveniente ir a paso avasallador, que a veces es mejor tener alguna complicación en el camino porque eso hace aflorar el carácter. Tres de los equipos más recordados en la historia de la Copa del Mundo –Hungría del ’54, Holanda del ’74 y Brasil del ’82- no fueron campeones precisamente por eso, porque comenzaron aniquilando a sus rivales, pero cuando enfrentaron dificultades no supieron cómo superarlas.

Por lo mismo, el difícil partido que enfrentó Bélgica en octavos contra Japón podría terminar siendo de gran ayuda para los Diablos Rojos. De partida, es un hecho que el viernes contra Brasil entrarán muchísimo más atentos de lo que lo hicieron contra los nipones.

Es legítimo, por cierto, seguir soñando con ver aparecer a ese equipo de fútbol hermoso que crea 20 situaciones claras de gol y convierte cinco, pero es mucho más realista esperar ver que este Mundial (y todos los próximos) los gane un equipo que juegue bien, aunque no juegue lindo. ¿Cómo quién? Como Uruguay, por ejemplo. ¿Juega bien Uruguay? Sí. No juega lindo, pero juega bien. Visto así, el fútbol no es tan distinto al boxeo, en el cual a todos nos gusta ver al noqueador, pero que finalmente se trata de pegar y no dejarse golpear. Y eso es Uruguay. Tiene seguramente la mejor defensa del mundo, con un par de centrales extraordinarios, que juegan todo el año juntos (dato no menor) y no dan ventajas, posee un mediocampo que cumple y un par de monstruos arriba que no disponen de más de tres o cuatro ocasiones por partidos, pero saben aprovecharlas mejor que nadie.

Eso es jugar bien: saber defender y saber atacar. Eso es lo que han hecho todos los últimos campeones del mundo y lo que harán todos los próximos. Equipos eficientes, pragmáticos y rendidores, que a lo largo del torneo deslumbran en uno o dos partidos, pero que en la mayoría de sus juegos ganan con la sencilla receta de solamente ser un poco superiores al rival.

Olvídense de Brasil 70.

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