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La proximidad de la Roja de Rueda con la tendencia de Rusia 2018

El cuadro nacional, por lo visto en los amistosos en Europa, exhibe algunas coincidencias con el 'Fútbol de transición' del Mundial, aunque en otros aspectos se ve distante.

Lentamente, el Mundial de Rusia 2018 comienza ya a ser historia. La selección de Francia se quedó con el cetro con justicia, en virtud de su mayor regularidad durante el certamen, pero más allá del monarca y sus escoltas lo cierto es que el torneo marcó un nuevo parámetro táctico para el fútbol internacional.

Rusia fue la Copa del Mundo en la que se relativizó aún más la incidencia de la tenencia del balón en el resultado final de un partido. De hecho, los galos registraron solo un 39 por ciento de posesión en la final ante Croacia y su media fue de 47,9%, la más baja de un campeón desde que hay registro. Ambas cifras ponen de relieve la importancia de la transición (momento del juego al pasar del ataque a la defensa y viceversa) en detrimento de las fases ofensiva y defensiva.

También en el certamen, los tantos a través de balones detenidos adquirieron crucial relevancia. Se anotaron 73 goles por esta vía, lo que significa un 43,19 por ciento del total de las conquistas, superando al torneo de 1998, cuando se registraron 62 tantos y el dueño del título también resultó ser el cuadro francés. Nunca antes hubo tantas conversiones por esta modalidad.

¿Y la Roja de Rueda?

Bajo el mando de Reinaldo Rueda, la Roja ha disputado cinco partidos amistosos, frente a Suecia (2-1), Dinamarca (0-0), Rumania (2-3), Serbia (1-0) y Polonia (2-2), con dos triunfos, una derrota y dos empates. En los compromisos, Chile se vio como un equipo que buscaba atacar mediante combinaciones desde el mediocampo y defendía retrocediendo hasta su campo para activar la recuperación del balón una vez que este cruzaba la mitad de la cancha, matizando este rasgo con intentos de quites esporádicos inmediatamente perdida la pelota en el sector del oponente.

Como buen colombiano, Rueda manifiesta predilección por el toque en la mitad de la cancha con aceleraciones en el momento propicio en pos de la profundidad ofensiva. Tal postura se distancia un tanto respecto de lo observado en Rusia 2018, certamen en que los ataques veloces para sorprender al rival mal organizado fueron lo más corriente, tal como fue el caso de Francia.

Los hechos iniciales, en todo caso, no deben llevar a la confusión. El DT se encuentra en la etapa inicial del forjamiento de su estilo de juego y los conceptos tácticos no son rápidamente asimilables. Cuando dirigía a Atlético Nacional de Medellín en la obtención de la Copa Libertadores, el cuadro colombiano, en conjunto con el fútbol de toque, salía también en forma rápida, precisa y masiva en busca del arco rival, una fórmula de ataque coincidente con lo visto en el Mundial. Por lo tanto, en lo que viene para la Roja no sería extraño un proceder ofensivo en estos último términos.

Mal en transición defensiva breve

En las giras por Europa, la Selección recibió seis goles, ante Suecia, Rumania y Polonia. Contra los suecos fue víctima de una transición muy veloz tras perder el balón en la salida y frente a la escuadra rumana le anotaron en un saque de banda y luego de dos pérdidas a las que siguieron acciones ofensivas fulminantes de los europeos. Finalmente, solo una cifra ante los polacos fue también un avance raudo hallando a la defensa nacional mal organizada.

Por lo visto, la Roja tuvo dificultades para reorganizarse defensivamente tras perder la pelota en el inicio del juego en su propia cancha. Este es un item táctico muy complejo, pues el equipo se encuentra desplegado para facilitar el toque y volver a defender resulta casi imposible. Por ejemplo, en el Mundial, Francia jamás corrió riesgos y siempre inicio el juego con balones largos desde atrás para intentar imponerse en la primera o segunda pelota. En este aspecto, hay un evidente matiz respecto de la tendencia en el Mundial.

Sin embargo, cuando la pérdida ocurrió más adelante en la cancha, el cuadro nacional no evidenció grandes dificultades y su proceder fue concordante con lo apreciado en Rusia. Rápidamente, Chile recompuso sus líneas para conformar el bloque defensivo detrás del balón, transformándose en una unidad bastante invulnerable en el último cuarto de cancha para el equipo que lo atacaba.

Las pelotas muertas

En Europa, cuatro de los siete goles que anotó la Roja fueron en el contexto de un balón detenido. Es más del 50 por ciento de las conquistas y los autores fueron Arturo Vidal y Miiko Albornoz (con sendas semivoleas en segundos pelotas tras corners) y Guillermo Maripán, quien convirtió de cabeza en dos tiros libres.

La cifra supera el registro de tantos anotados mediante la táctica fija en Rusia 2018. Esta faceta ofensiva, por lo tanto, consigue plena coincidencia con los parámetros de conversión que parecen imponerse en el fútbol actual, a partir de los observado en la Copa del Mundo. Y le da la razón a Rueda en su propósito de alinear, por ejemplo, a zagueros espigados buscando desequilibrar tanto en el juego área defensivo como en el de ataque. 

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