El regreso de Juvenal

Juvenal Olmos sorprendió en las últimas horas con un inesperado regreso al fútbol. El ex entrenador de la Roja, Unión Española, Universidad Católica, Everton y Newell's Old Boys de Argentina es ahora el flamante entrenador del Veracruz.

Hacía 11 años que Juvenal no dirigía, desde que dejó al elenco viñamarino en 2007. Cuando parecía que no saldría jamás del ostracismo que golpea a la mayoría de los técnicos nacionales, se insertará -de golpe y porrazo- en la exigente liga de México. ¡Que le vaya bien! Para fortalecer su autoestima, el fútbol chileno necesita que los escasos técnicos nacionales en el exterior tengan éxito.

Tuve la posibilidad de trabajar con Olmos en 2000 y 2001. Me llevó a Unión Española para llenar una de las plazas de zaguero central en el plantel luego del título de Primera B que obtuvo con los hispanos la temporada anterior. Era su primera experiencia como técnico en el profesionalismo, ya que antes solo había dirigido en el fútbol formativo de la UC. La impresión que me formé de su labor fue óptima.

Juvenal tenía una fijación con la intensidad del juego y quería que el fútbol de esa Unión Española fuera dinámico, fluido, con un ida y vuelta permanente y no decreciente. Variaba en los contenidos y en las formas de entrenamiento, lo que mantenía alerta al jugador, lejos de la tediosa monotonía en la que a veces sucumben los entrenadores.

Entonces, el sistema de juego 1-4-3-3 -tan en boga hoy- era solo una reminiscencia de los años 70 y 80. Por ende, Juvenal nunca se movió del esquema 1-4-4-2. La única alternativa táctica en la época era el 1-3-5-2, pero no era muy empleado hasta que Jorge Garcés, en 2001, obtuvo en forma brillante el título nacional al mando de Santiago Wanderers.

La impresión del plantel era que Olmos se quería comer el mundo. Era ambicioso en su pega, pretendía llegar lo más arriba posible y a corto plazo. Eso le jugó en contra, por todo lo que pasó después. Solo dirigió durante siete años, un lapso breve en vista de las bancas en las que estuvo. Si hubiese tenido más paciencia y prudencia, tal vez su historia sería distinta.

Llamaba la atención su manejo del camarín. Innovaba y no le temblaba la mano. Su idea era que con el ecuatoriano Byron Tenorio conformáramos la dupla de centrales, pero este sufrió varias lesiones y, cuando estaba listo para debutar tras unos meses, le pidió que se fuera. Byron había sido capitán del Barcelona de Guayaquil y también jugador ancla en la selección de Ecuador.

Un fin de semana de 18 de septiembre fuimos a jugar contra Cobreloa. Recién iban cerca de 15 minutos en Calama y ya perdíamos por 3-0. Jugamos horrible y después, en el camarín, la decepción por la goleada en contra generó roces en el plantel. Juvenal se molestó. Aunque el lunes originalmente iba a ser el día libre, nos enteramos en el avión de vuelta a Santiago que habría entrenamiento en Santa Laura. ¿Hora de inicio de la práctica? A las 8 de la mañana. Y a la capital llegamos pasada la medianoche.

Al otro día, en el camarín y con todos equipados para el entrenamiento, Juvenal dijo que él no iba a hablar, que cada uno del plantel debía expresar su parecer para recomponer todo. Aclarado el asunto, nos pidió que nos fuéramos y no hubo práctica. En esas cosas era distinto. Como también en las idas al cine en conjunto, las sesiones de rafting en el Cajón del Maipo, las dinámicas de grupo en 'La cáscada de las ánimas' y los sketch durante las convivencias de los derrotados en los duelos de 'tenis-fútbol'.

Olmos se apuró en irse de Unión Española en 2001. Claro, el club no estaba bien organizativamente, pero el asunto era llevadero. Después pasó lo mismo en la UC, cuando dejó San Carlos de Apoquindo para asumir en la Selección.

Se tenía mucha fe y eso le jugó en contra. Debió madurar más su carrera. Haber permanecido unos tres o cuatros años en Unión Española. Lo mismo en Católica: haber liderado un proceso a largo plazo en su casa futbolística. Había salido campeón y los hinchas no dudaban de sus méritos.

"En la etapa anterior era muy tozudo", le dijo a La Cuarta desde México. Probablemente no solo se refería a sus convicciones futbolísticas, las que nunca tranzó en donde estuvo. La frase también guardaría relación con lo precipitado que fue en su momento. Del propio Juvenal Olmos depende, entonces, que su sorpresivo regreso al fútbol sea definitivamente el relanzamiento de su carrera.

0 Comentarios

Normas Mostrar