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Bienvenida la nueva Copa Davis

No niego que el cambio de formato de la Copa Davis me puso nostálgico y echaré de menos la adrenalina de esas épicas batallas de cinco sets en el Grupo Mundial donde los jugadores dejaban todo por la defensa de sus colores. Pero, seamos prácticos, las modificaciones venían sí o sí, las series experimentales con partidos al mejor de tres sets no eran casualidad y las opiniones de los jugadores de elite respecto de la necesidad de implementar otro sistema apuntaban en una sola dirección. En ese contexto, mejor hacerse la idea de que los tiempos evolucionaron y ha nacido una nueva competencia bajo el mismo nombre de los últimos 118 años. En verdad, a mí no me desagrada.

Si bajo el antiguo orden los jugadores podían llegar a perder hasta tres semanas del circuito por cada confronte (preparación, competencia y recuperación), que el torneo acote su duración favorece la presencia de los mejores tenistas del mundo que tendrán, a lo sumo, dos estaciones durante la temporada: el repechaje y, en caso de ganar, la gran final de noviembre. De hecho, para los semifinalistas del año anterior el boleto es directo a la cita de fin de año. Así, y tras el anuncio de las significativas mejoras en los premios, tendremos en la cancha a la mayoría de los primeros 50 del mundo. Eso es una gran noticia.

Hay decenas de historias que quizás no se conocen, pero revelan la permanente contradicción que significa para un jugador representar con pasión a su país en Copa Davis y los alcances posteriores para su carrera. Durante muchos años, Roger Federer solo jugó los repechajes para evitar que Suiza descendiera del Grupo Mundial y solo cuando Stan Wawrinka se transformó en un tenista de primera línea participó en la todas las series para ganar la Ensaladera de Plata. Rafa Nadal, a su turno, tuvo largas ausencias de la competición por equipos porque privilegió el circuito ATP y la recuperación de sus múltiples lesiones. Juan Martín del Potro ganó la Davis en 2016 y anunció que dejaba el equipo.

Un par de botones de muestra en el vecindario. A comienzos de 2015, Joao Sousa disputó un maratónico partido contra Leo Mayer en Buenos Aires y su esfuerzo fue tan extremo que a las pocas horas debió tomar un avión para dar parte de lesionado en el Challenger del Club Manquehue. Quienes vieron las plantas de sus pies recuerdan que la imagen era feroz, con la piel rojiza y repleta de llagas. El brasileño, entonces top 100, no pudo recuperarse e inició un pronunciado declive aquella temporada. A Leo Mayer le costó varios meses recuperarse.

Entre los nuestros, Gonzalo Lama optó por jugar la Copa Davis en uno de sus mejores momentos tenísticos de los últimos años: frente a Colombia en Iquique. León aportó los dos puntos y jugó un alto nivel, pero desaprovechó la oportunidad de entrar directo, esa misma semana, a un ATP 500. Ahora, con el nuevo formato y calendarización, nuestros tenistas ya no tendrán que mirar de reojo las implicancias de defender a Chile.

Si de historia se trata, para el equipo que capitanea Nicolás Massú el panorama no será muy distinto respecto de los últimos años porque acostumbra a estar inserto el Grupo Uno Americano y, en el mejor de los casos, optar al repechaje. En ese escenario, Chile seguirá jugando series de local o visita al mejor de cinco puntos, al igual que en el caso del repechaje. Por lo tanto, lo realmente novedoso será clasificar a la finalísima de Madrid o Lille y ahí el formato es favorable, ya que al ser partidos más cortos, con menor desgaste, Jarry y Garin pueden ser lo suficientemente competitivos sin necesidad de tener un relevo del mismo nivel. Por fortuna, los avances de Marcelo Tomás Barrios indican que pronto será un solvente jugador de challengers y ubicado entre los 200 mejores del mundo. Mientras tanto, con los dos primeros alcanza, más con el aporte de Podlipnik y Peralta en dobles.

La antigua Copa Davis tenía sus días contados y la reformulación que conocimos esta semana no solo le dio aire fresco y viabilidad económica sino que debiera garantizar el retorno de los mejores tenistas del planeta a la competición y, de paso, proveer de recursos frescos a las distintas federaciones. Chile, con los progresos evidentes de Jarry y, en menor medida de Garín, entra a la escena para ser parte de la fiesta. Vayamos preparando el frac para noviembre de 2019.

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