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Sanción justa para Colo Colo

Hay que remitirse a comienzos de la década para hallar castigos similares a Colo Colo. Entre 2011 y 2012, el Cacique fue sancionado tres veces, debió jugar sin público y fue obligado a pagar multas. Seis años después, pese a la existencia de mayor regulación, un plan específico de seguridad, inversión en tecnología y los presuntos avances en inteligencia policial, la historia se repite. ¡Qué poco se ha aprendido!

Colo Colo dice que apelará al castigo y se querellará ante el ministerio público contra los eventuales responsables. Nadie que conozca cómo funcionan las cosas en el vecindario podría haber imaginado otra cosa. Era imposible pensar que el club aceptara la sanción, hiciera una autocrítica y admitiera los errores. Más allá de la calidad del plantel, el impacto deportivo y financiero es evidente y acudir a la segunda sala, un derecho. Con todo, hoy le tocó a los albos, pero mañana, como dijo Cristián Alvarez, puede ser Universidad Católica, Wanderers, Everton, Rangers u otro. El fenómeno es transversal.

A la hora de los lamentos sería bueno preguntarse por qué las medidas preventivas no se adoptaron antes. En el caso de Colo Colo, que argumenta haber cumplido con todos los requerimientos pese al lapidario informe de Carabineros, el arengazo previo al Superclásico fue clave para que los barrabravas ingresaran y escondieran los fuegos artificiales. Nada nuevo en todo caso. Ese tipo de manifestaciones, tan valoradas por técnicos y jugadores, terminan siendo perfectas para la internación de estos peligrosos elementos. La bengala, por suerte, no le pegó a Herrera, pero si hubiese ocurrido estaríamos hablando de un partido suspendido y, de seguro, una sanción mayor para el estadio.

Frustra que Colo Colo y los clubes chilenos en general no le presten atención a aquellas señales que dan cuenta de problemas profundos. Cómo olvidar la imagen de los hinchas albos en sillas de ruedas que no pudieron ver partido contra Corinthians en el sector alto de la tribuna Océano porque los lienzos que impedían ver en las primeras filas obligaron al público a desplazarse hacia arriba. Hoy los paños volvieron en gloria y majestad y a nadie le importa salvo a los dueños de esos trapos que marcan territorio y legitiman su cuota de poder. Las barras tienen el legítimo derecho a existir, organizarse e, incluso, tener coordinación con los clubes como establece la ley, pero eso no significa darle manga ancha como ocurre cada fin de semana. Hay hinchas que se jactan de tener libre acceso a todos los sectores del estadio.

Un papá azul que asistió al Estadio Nacional con sus dos hijos y escribió a radio ADN quedó asombrado del paisaje en la Tribuna Andes, con lienzos desplegados por doquier y microtráfico a vista y paciencia de los guardias privados. La U es quizá el club que mejor trabaja la experiencia estadio, pero hay ámbitos donde derechamente no puede intervenir porque requiere labores de inteligencia de la autoridad. Como escribió otro auditor, lo que falta es “táctica policial”. Un dispositivo mayor, con un upgrade en tecnología y protocolos mucho más rigurosos. Mientras tanto, podríamos ir erradicando los lienzos y abonando en serio los estadios, ¿no les parece?

Lo ocurrido en Macul debiese invitarnos a una reflexión general sobre un tema tan amplio como complejo, que trasciende las fronteras del fútbol. Un asunto que mezcla múltiples factores y ha sido abordado con irregular convicción por los distintos actores y el propio Estado. ¿Acaso con la millonaria venta del CDF no se pudo salvaguardar un ítem para la inversión en tecnología? Estamos pensando activar el VAR en 2020, pero de una mayor dotación de cámaras de seguridad ni hablar. ¿Se han fijado que estos aparatos siempre fallan cuando se necesita un registro relevante? ¡Para no creerlo!

Cuando Harold Mayne Nicholls aplicó el estándar FIFA y eliminó los reporteros radiales en las canchas y los clubes restringieron los accesos a los camarines, la medida se asumió como un signo de los nuevos tiempos. Resulta que al final fue casi el único cambio hacia una modernización real. Hoy llega el tiempo de revisarlo todo. Igual que el saludable trámite legislativo que sigue la nueva ley de sociedades anónimas deportivas.

¿Un botón de muestra? En el derecho de admisión que se le aplicó a decenas de barristas músicos de Colo Colo, su único pecado fue entrar con instrumentos al estadio. Los que metieron las bengalas están libres de polvo y paja se ríen en su madriguera. Un ejemplo de que muchas determinaciones no tienen la profundidad requerida y tampoco atacan los problemas de fondo. Ahí, por lo pronto, deben apuntar las primeras correcciones.

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