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5 AÑOS AS CHILE

Peter Tormen: "Representé la voz de los sin voz en dictadura"

Hace 30 años, el ganador de la Vuelta a Chile fue protagonista de la Franja del No. Meses antes había sorprendido con un testimonio sobre su hermano detenido-desaparecido que ayudó a cambiar la historia del país. Hoy recuerda cómo vivió esos años oscuros.

"¿Eres de Colo Colo o de la U?", consulta Peter Tormen antes de comenzar la entrevista. "De ninguno, Peter. ¿Por qué?". El histórico ciclista toma una taza estampada con chunchos y sirve café. "Entonces te puedo pasar esta", dice entre risas. Son los primeros gestos amables en su taller de bicicletas mientras se prepara para recordar el triunfo en la Vuelta a Chile 1987 que terminó en una dedicatoria que pasó a la historia: a su hermano Sergio Tormen, detenido desaparecido durante la dictadura, una de las épocas más oscuras del país.

A solo minutos de haber logrado el título de la competencia ese año, Peter Tormen sorprendió con un breve testimonio sobre su hermano en plena transmisión de televisión. La señal se cortó de inmediato, pero el potente mensaje jamás se borró en la memoria de los chilenos. Como tampoco se borró de la memoria de Tormen el 20 de julio de 1974, cuando unos agentes de la DINA ingresaron al taller de su padre para tomar detenido a Sergio. Él, con solo 14 años, también fue secuestrado. Pero salió libre a las pocas horas. Esa injusticia lo inspiró tiempo después a participar de la Franja del No previa al Plebiscito, que este 5 de octubre cumple su aniversario 30. Y así lo conmemoramos. 

- Peter, en 1987 ganó la Vuelta a Chile y 31 años después lo veo lleno de bicicletas a su lado. Una vida ligada al ciclismo...
- Es la natural consecuencia de las cosas, porque mi papá tenía negocio de bicicletas y nos metió a todos en el cuento. Sergio, que está desaparecido, fue el primero y él metió a Richard. Después, cuando mi hermano volvió de Europa en 1975, me metió a mí también y quedé ligado al deporte por toda la vida. Después, cuando me quedé sin pega porque los milicos no me daban trabajo por mis declaraciones sobre mi hermano, puse un negocio en San Antonio con un amigo que me llevó. A los tres o cuatro años me vine a Santiago a poner el mismo negocio porque me dí cuenta que la comuna era chica y no se podían hacer grandes cosas. Me gustó Santiago y aquí me quedé para siempre.

- ¿Y qué tiene pensado para el futuro?
- Yo creo que voy a seguir aquí, a menos que me consiga otro trabajo porque estoy estudiando psicología y después que haga mi práctica, quizás me puedo conseguir un trabajo como psicólogo. De lo contrario, seguiré aquí.

- ¿Cuántos años lleva en este lugar?
- Acá tres, pero estuve más de 20 años más arriba, en Las Condes. Trabajo en esto desde el 1989.

- ¿Y cuándo comenzó a competir?
- Competí poquito en realidad. Empecé a hacerlo en 1976 y lo hice hasta 1978, con 18 años. Ahí me retiré cuatro años, hasta los 22. Volví y corrí hasta los 29. A los 28 años gané la Vuelta a Chile y a los 29 corrí por un club que se llamaba América, pero después se acabó y no tenía por donde competir más.

Las consecuencias de su dedicatoria 

- ¿Cómo fue eso de que los militares no lo dejaban trabajar?
- En Pilsener Cristal les molestó que yo hiciera declaraciones políticas, entonces me fui a América donde tenía libertad. En Cristal no podía decir nada y yo quería decir lo que quisiera.

- O sea, hubo repercusiones después de sus dichos en la transmisión.
- Claro, porque el país no tenía libertad de ningún tipo. Cuando hice las declaraciones fueron en vivo y cortaron la transmisión. La televisión se fue a negro. Fue bien llamativo y todo el mundo habló del caso porque era primera vez que algo así se veía en televisión. Más encima la televisión era lo único que había, no estaba internet como ahora. Fue como un bombazo.

- ¿Hubo más consecuencias?
- No, porque ya había tenido suficiente en mi vida con la desaparición de mi hermano y con la vigilancia de la que habíamos sido víctima por tantos años, así que no hubo más.

- Revisé archivos de internet y mucha gente lo considera un héroe...
- (Risas)

- ¿Usted se siente así?
- No, porque yo hice lo que tenía que hacer. Tenía una gran necesidad de denunciar lo de mi hermano. Richard también lo hizo cuando salió campeón panamericano. En ese momento, él habló con Pinochet en La Moneda. Le dijo 'hable con el edecán, él le va a ayudar' y nunca pasó nada. Entonces, estábamos con la espina clavada y sabíamos que era el momento. Lo hice muy espontáneamente porque ya lo había hecho antes...

- ¿Cuándo?
- Lo hice en un matinal, dos días antes. El tipo se incomodó y me dijo 'ya, bueno, es entendible'. El conductor era terriblemente de derecha, pero no le quedó otra porque el programa estaba en vivo. Yo sabía que si ganaba la Vuelta, lo iba a hacer. Lo tenía pensado.

- Me han comentado que su mensaje fue una protesta que representó a muchos silenciados. Dicen que fue muy significativo en esa época. ¿Se lo han agradecido?
- Sí, hay gente que todavía está agradecida de eso porque representé la voz de los sin voz, pero ese día no era el primero que hacía declaraciones. Había muchas cosas que fueron acalladas porque no había medios de comunicación para difundirlas. En las protestas habían miles de personas y no salía en ninguna parte. No se sabía toda la cantidad de muertos que había.

La Vuelta a Chile, una herramienta de la dictadura

- ¿Y qué recuerdos le quedan de esa carrera del 1987?
- Es bonito, pero yo nunca me lo tomé a pecho porque yo era ciclista de equipo. O sea, yo corría para otros. Cuando volví al ciclismo después de mi retiro de cuatro años, llegué con una mentalidad de no ganar. De correr porque era rico correr. Yo disfrutaba las carreras ayudando a los otros y me hice muy querido por mis compañeros porque decían 'este nunca quiere ganar'. Yo lo pasaba bien. Entonces, quedé de líder porque fui a anular una fuga que iba muy fuerte y los de atrás no querían pillarla. Le digo a mi entrenador, que era mi hermano, 'oye, ¿qué hacemos?'. Me dice que vaya para adelante no más. Fue totalmente involuntario.

- ¿Usted coincide en que la Vuelta a Chile fue utilizada por la dictadura para distraer a la gente?
- Claro. Todos los regímenes dictatoriales lo han hecho: usan al deporte para silenciar la presión social y mantener adormecidos a los individuos.

- ¿Como Argentina con el Mundial de 1978?
- Justamente. Y así siempre. El régimen de Pinochet tenía media hora por día de transmisión de la etapa de la Vuelta a Chile porque no había más noticia que transmitir. Todas las otras cosas que pasaban eran contra el régimen, como cuando estaban torturando. Eso no podía salir. La Vuelta era lo que podían mostrar para mantener a la gente adormecida.

- ¿Cuánto queda del talento para el ciclismo? ¿Ocupa bicicleta de vez en cuando?
- (Risas) Sí, salgo con mi señora a veces.

- Aprovecha que cada vez hay más ciclovías...
- Sí, hay hartas, pero son pencas porque todavía no se interconectan. El candidato presidencial que quiera ser electo la próxima vez, le recomiendo que considere interconectar las ciclovías de Santiago. Con eso se gana la elección.

El triunfo de la democracia

- ¿Recuerda su participación en la Franja del No?
- Fue bonito ese momento porque era un momento de definición. Sabían cuál era mi posición, así que no dudaron en pedirme que participara. Fue escueta porque el espacio que tenía la Concertación era mínimo para hacer un spot. Pero fue significativo en términos de que me consideraron. Hubo gente que me reconoció y quizás los ayudé a votar que no.

- ¿Tuvo miedo?
- No, porque acababa de ganar la Vuelta a Chile y no se iban a atrever a hacerme algo.

- ¿Lo han reconocido por su presencia en la Franja?
- Queda gente que me tiene mucho cariño. Hace unos días hubo un conversatorio en el Museo de la Memoria y hubo gente muy agradecida, con testimonios muy lindos. Me regalaron unas gráficas. Un pintor me regaló un par de cuadros que hizo de mi hermano. Aún hay gente que recuerda esos momentos.

- ¿Y usted, Peter? ¿Qué recuerdos tiene de su hermano Sergio?
- Uff... nunca voy a poder hablar sin quebrarme. Me cuesta mucho en realidad... (lágrimas) Por la memoria de mi hermano estoy dispuesto a que se me vea la cara triste porque debemos decirlo: este es un dolor que no lo cura nada y el recuerdo de mi hermano estará siempre presente.