Lo de Garín era una cuestión de tiempo

Ocurrió una noche de noviembre de 2016, durante la inauguración del Torneo Alfredo Trullenque en el Estadio Español. Christian Garín pasaba por ahí con un amigo, estaba empezando sus vacaciones y lanzó una frase que es justo develar hoy: “Es cuestión de tiempo. A los 22 años voy a estar metido”. Con una convicción que daba gusto, que hablaba de un deportista con las cosas claras y una mentalidad ganadora, se estaba dando dos años para pegar el salto y formar parte del circuito mayor.

Era imposible no acordarse de esa conversación cuando seguía por streaming su final del Challenger de Santo Domingo frente al argentino Federico Delbonis. Garín había tenido un 2017 complejo e irregular, que lo hizo descender más allá del puesto 370 del ranking ATP. Pero nunca, pese a la adversidad, dejó de creer en sí mismo. Pese a las dificultades, su meta -el poder “meterse”-, aún estaba dentro del plazo que se había trazado.

En esa búsqueda, a fines del año pasado, dejó España como centro de operaciones y se puso bajo las órdenes de Horacio Mattam, en California. A poco andar comenzó a recuperar el terreno perdido. Y luego, a mediados de año, tras terminar su relación con el ex coach de Fernando González, fichó a Andrés Schneiter, ex entrenador de Paul Capdeville y Nicolás Massú. Los buenos resultados no solo no se detuvieron, sino que mejoraron. Así llegaron los títulos de los challengers de Campinas y Santo Domingo que, además de dejarlo al borde de los 100 mejores del mundo, le permitirán jugar el cuadro mayor del Abierto de Australia. A los 22 años y tres meses, Garín puede mirar hacia atrás y decir “etapa superada”. Ahora, que venga la siguiente fase.

En el competitivo mundo del tenis son muy pocos quienes llegan a codearse con la elite. Y, como en muchas cosas de la vida, para tener cabida en ese selecto grupo hay detalles que cuentan. Este año en Sao Paulo, Jarry declaró que le fue favorable crecer a la sombra de Garín. Y dijo que toda la presión recaía sobre su compañero tras el título juvenil en Roland Garros. Pues bien, pareciera que en 2018 a Garín le sirvió el protagonismo del Jarry para consolidar, en un segundo plano, su propio y meritorio despegue. Tal como dijeron siempre Massú y González respecto de haber coincidido en la misma época y el provecho para sus respectivas carreras, la sana convivencia de Jarry y Garín en la Copa Davis y, a contar de ahora, en los cuadros finales de los Grand Slam, es ganancia total para el tenis chileno.

En 10 meses, Garín subió más de 270 lugares en la clasificación mundial y lo consiguió con talento, dedicación y constancia, sabiendo que sus tiros estaban ahí, que juega un tenis moderno, apto para cualquier superficie. Ahora, y tras los últimos challengers del año, comienza una nueva etapa para él, en las grandes ligas, donde siempre tuvo claro que quería llegar. Como lo dijo hace casi dos años en los jardines del Estadio Español.

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