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¿Cabe Jara en la Roja?

El fútbol es un deporte con tantas particularidades que hacer proyecciones puede tornarse un ejercicio demasiado arriesgado. Aventurarse en ciertos ámbitos, por lógicos que parezcan, muchas veces acaba siendo un tiro en los pies hasta para los más entendidos. En ese mundo cabemos todos, entrenadores, gerentes técnicos, dirigentes, periodistas e hinchas.

Ahora bien, más allá de la subjetividad de la expresión, “saber de fútbol” facilita las cosas y, para quienes trabajan en este negocio, dominar el paisaje simplifica la toma de decisiones. Reduce significativamente el margen de error. Pero, en ningún caso, lo elimina. No existe el entrenador infalible, gerente técnico inequívoco, el fichaje ciento por ciento garantizado ni el pronosticador con campaña perfecta. Siempre es posible que la historia no termine como se preveía.

Lo anterior, obviamente, aplica para la liga chilena y sus jugadores. Para algunos futbolistas que llegaron al torneo local con chapa de crack, experiencia internacional, provenientes de torneos más competitivos y un palmarés tan robusto que hacía impensable que fracasaran.

Pero fallaron. Inexplicablemente o no, quedaron en deuda. No rindieron.

Gonzalo Jara, que está viviendo sus últimos partidos en la U, lo ejemplifica perfecto. Es tal vez el caso más representativo de las últimas temporadas. En la misma categoría donde hace unos meses figuró Santiago Silva, fallido ex goleador de Universidad Católica o, actualmente, Lucas Barrios, en una historia que aún no concluye en Colo Colo. Contra todos los pronósticos, estas figuras, no funcionaron, no respondieron a la expectativa. Defraudaron.

El zaguero ha tenido un 2018 para el olvido: apenas 17 partidos jugados sobre 42 posibles y un record negativo en encuentros ante rivales de primera división. No solo fue relegado al banco por Frank Kudelka sino que fue sistemáticamente ignorado por Reinaldo Rueda quien borró de un paraguazo su dupla con Medel. A Gary lo trasladó a la zona de los volantes. De Jara, ni hablar. Nunca más fue considerado. Hace un par de semanas, incluso, su ciclo en la U se dio por terminado cuando tras no ser citado optó por visitar a su familia en Hualpén en lugar de asistir al estadio y apoyar a sus compañeros. Se dijo que lo más probable era que buscara una salida anticipada. No ocurrió.

En la lista para los partidos ante Costa Rica y Honduras, Paredes, Herrera y Beausejour volvieron a la Roja. ¿Jara? Ni en las cómicas. Por rendimiento, no se justificaba, se entiende. Pero por historia, quizá hubiera sido conveniente un gesto. El zaguero es el cuarto jugador con más partidos por la selección chilena y, no merece irse así. Si Rueda transó sus convicciones sobre el recambio o quiso hacer un reconocimiento a los mundialistas, ¿acaso Jara no cabía en ese vagón? Un estímulo, un cariñito para reencantar a ese jugador que por Chile subía ostensiblemente su nivel. No era un despropósito. ¿O nos vamos a olvidar tan fácil cuando anuló a Cavani u otros jugadores de categoría mundial?

En estos casi tres años, Jara pasó de fichaje estrella a ser el niño símbolo de los errores defensivos de la U. En segundo plano, quedó la salida limpia que le daba al equipo o esos certeros balonazos largos que muchas veces terminaron en gol para los azules. No, en la retina, quedaron sus expulsiones, cruces a destiempo, malas decisiones. Errores, sí. Repetidos, también. Pero la crítica se ensañó, lo lapidó, le bajó el pulgar hace mucho rato.

El fútbol es implacable. Más si eres figura y no respondes a tal condición. Acá nadie dice que con Jara se cometió una injusticia. Él, mejor que nadie, sabe por qué no rindió en la U, no se convirtió en el referente y no hizo escuela entre los jóvenes de la cantera. Ahora, eso tampoco significa que esté acabado. En Quillota, y pese a que muchos lo daban fuera del club, se puso la camiseta, reemplazó a Vaz y estuvo a la altura en un partido donde los azules se jugaban muchísimo. Respondió con solidez y profesionalismo.

Jara está fuera de la U, pero, en una de esas, se va campeón y como titular. Las vueltas del fútbol y la vida son insospechadas. De vivir un período opaco en el CDA, capaz que emerja una buena oportunidad, que así como estuvo en la órbita de Boca Juniors, un equipo competitivo venga a buscarlo. A los 33 años, tal vez todavía tiene margen para un último relumbrón, en la Roja y dónde quiera que lo lleve su destino.