La Masía Cruzada

Durante varias semanas Universidad Católica hizo noticia por la búsqueda de un delantero de área. Nombres iban y venían, pero el nueve, el jugador llamado a disputar el puesto con Sebastián Sáez no llegó. Al menos por ahora. El inicio del torneo nacional, ante la lesión de Sacha, obligó entonces a Gustavo Quinteros a mirar en lo más profundo del plantel. Y ahí estaba la solución. Una vez más en la cantera cruzada: Diego Valencia, quien con 19 años recién cumplidos, se puso la camiseta de titular y anotó el doblete con que la UC venció a domicilio a Coquimbo Unido.

En su plantel de 27 jugadores, el club de la franja tiene 16 formados en casa. Casi dos tercios. El 60% se formó en San Carlos de Apoquindo y hoy forma parte del elenco profesional. Uno de éstos es Valencia quién tras la eliminación de Chile en el Sudamericano Sub 20 supo levantarse para ser clave en el estreno de Católica. El serenense combina velocidad, explosión y una envergadura que le permite ser fuerte en el uno contra uno o irrumpiendo entre los defensas rivales. Sus compañeros más experimentados, además, lo califican como un joven muy maduro para su edad.

Sería prematuro hablar de un hallazgo o la nueva figura del equipo, pero por lo pronto en el ámbito interno le da una tranquilidad importante al entrenador argentino boliviano.

Desde hace muchos años, Católica ha venido haciendo una labor formativa seria, profesional y estratégica. Lo de Valencia es sólo un botón de muestra. La generación del 97 con Rebolledo, Carreño, Lobos y Vargas compone una base que, con matices, viene consolidándose en los últimos dos años e incluso los más jóvenes como Oyanedel, Henríquez, Jara y Munder cuentan con una interesante experiencia y potencial. Saavedra es capítulo aparte. Un jugador distinto, completo, que a sus 20 años ya fue titularísimo y campeón en primera. Cómo lo extrañó Chile en el Sudamericano.

En los tiempos en que las sociedades anónimas son mayoritariamente deficitarias e invierten cada vez menos o de manera controlada en las divisiones inferiores, Católica sigue trabajando con convicción y un objetivo común. Formar buenos jugadores, integrales, que comprendan el juego. Sea en San Carlos o en cualquier club de destino, los futbolistas de la cantera cruzada son prenda de garantía. La trascendencia posterior de cada uno dependerá de su talento, aplomo, profesionalismo y las buenas o malas decisiones que tomen a lo largo de su carrera.

En términos comparativos la ecuación deportivo financiera de los equipos grandes es, por lejos, más eficiente en Católica que en Colo Colo y la U. Los números son públicos y basta darse una vuelta por los balances de cada uno para constatarlo. Precisamente aquí radica la clave del modelo cruzado porque si bien la política de contrataciones y no gastar exageradamente es muy relevante, disponer de una base con gente joven y de casa es determinante. Hace viable el funcionamiento del club.

Está demostrado que una administración racional y sustentada en un plantel made in home alcanza para ganar títulos en Chile, pero no necesariamente para destacar a nivel internacional. Dentro de algunas semanas, la UC volverá a jugar la Copa Libertadores y tendrá un desafío no menor, en un grupo con grandes equipos del continente. En ese contexto, la llegada de Puch fortalece y complementa el mix de jugadores de casa con fichajes de categoría. El punto, es si con la configuración actual del plantel alcanza para superar la fase de grupos. En mi opinión, Católica debe fichar un delantero más y confiar en el destape definitivo de jugadores como Carreño y Vargas. Para optar a un bicampeonato local alcanza. Para clasificar en la copa, veremos.

Con todo, vaya si aporta la Masía Cruzada. Larga vida a la cantera de San Carlos de Apoquindo.

 

 

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