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La dramática historia del goleador que brilló ante la UC

La dramática historia del goleador que brilló ante la UC

Adrián Martínez le anotó un doblete a la UC y pasa por el mejor momento de su carrera. Sin embargo, hace cuatro años estuvo por error seis meses en la cárcel.

De la cárcel a Libertad. Aunque suene paradójico, así podría resumirse la sufrida vida de Adrián Martínez. Es que el delantero argentino que le anotó dos goles a Universidad Católica esconde una historia tan increíble como dramática.

"Pega en el palo y me vuelve. Los goles me los da Dios. Estoy bendecido", era la frase que el jugador le decía a sus compañeros en Atlanta el 2017, año en que explotó como goleador. Y algo así le pasó contra la UC. A los 47 segundos un remate le pegó de manera fortuita y lo dejó en inmejorable posición para anotar. Tres minutos después, otro rebote, esta vez en Kuscevic, lo dejó sólo ante Dituro para el segundo.

A la cárcel por error

Hoy el promisorio presente de Martínez choca con un pasado duro y hostil. Hace cuatro años, cuando tenía 22, en un confuso hecho su hermano de 16 fue baleado. Al conocer la noticia, él y sus padres se fueron al hospital, mientras sus vecinos decidieron vengarse del agresor quemándole la casa.

Los dueños del lugar siniestrado decidieron denunciar al jugador por robo y pese a tener testigos de que él no estaba en el sitio del suceso, debió pasar seis meses en prisión. "Me daban un pan por día", contó.

Así, Martínez debió sobrevivir todo ese tiempo, hasta que las cámaras de seguridad del hospital confirmaron que él estuvo siempre ahí. Fue sobreseído, se acabó el calvario y las vivencias infrahumanas.

"Si no pasaba por algo malo, no hubiese conocido a Dios. Para mí el antes y el después fue pensar en Cristo y me cambió la vida por completo. Yo no salgo ni a un boliche, me dedico a Cristo", confesó años después.

Renacer a punta de goles

Tras salir en Libertad llegó a Defensores de Zárate Unidos, cuadro de la tercera categoría argentina. Luchó y peleó, hasta que los goles empezaron a salir. Se fue a Atlanta y explotó, para luego llegar a Sol de América. Ahí anotar se hizo una costumbre y con 12 tantos en el torneo paraguayo llamó la atención de Libertad.

En la fase previa le hizo cuatro goles en dos partidos a The Strongest y anoche otros dos a la Universidad Católica. Hoy su frase "pega en el palo y me vuelve. Los goles me los da Dios. Estoy bendecido", parece cobrar más sentido que nunca.